INVESTIGACIÓN CLÍNICA
Eficacia
de la analgesia multimodal, con o sin infiltración periarticular en el
reemplazo total de rodilla. ¿Merece el riesgo infiltrar? Estudio comparativo prospectivo aleatorizado
Igor
V. Orsolini Tejerina, Facundo Fazzone, Víctor
H. Sosa, Joao M. J. Flores Garcia, Juan Bautista Salerno, Marcos J. Castaño Robles,
Mark Garrett, Javier
Ugalde, Claudio Mingo
Saluzzi, Mariano G. Silva, Ricardo
Santiago
Servicio de Ortopedia y Traumatología,
Instituto Dupuytren, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
RESUMEN
Introducción: El dolor posoperatorio por una artroplastia total de rodilla
(ATR) es un desafío clínico y quirúrgico importante. Se evaluó la eficacia
de la infiltración periarticular (IPA) como componente clave en un protocolo multimodal de analgesia. Objetivo: Comparar dos modalidades de manejo
multimodal del dolor en el posoperatorio inmediato de una ATR. Materiales y Métodos: Ensayo clínico
prospectivo, aleatorizado y controlado en 130 pacientes con gonartrosis. Se los
dividió en: grupo 1, analgesia multimodal más IPA y grupo 2, analgesia
multimodal. Las variables principales fueron: dolor,
consumo de opioides
como rescate, tiempos hasta la
deambulación y de internación. Resultados: Los pacientes del grupo 1
obtuvieron mejores resultados: menos
dolor posoperatorio (0,88
± 1,88 vs. 6,04 ± 0,90 a las 24 h; p <0,0001), un 63% menos
de consumo de tramadol (66,41
± 55,31 vs.
181,74
± 57,71 mg; p <0,0001), una deambulación más temprana (32 vs. 48 h; p <0,0001), una internación más corta (72 vs. 76.19 h;
p = 0,0003), menos sangrado
posoperatorio (229,77 ± 102,77 vs. 337,30 ± 91,61 ml; p <0,0001). Conclusiones: Con la IPA, la analgesia fue superior y la recuperación, acelerada, sin afectar
la fuerza muscular, a diferencia de lo que ocurre con los bloqueos motores. La exclusión de la cápsula
posterior resultó segura y efectiva.
La IPA es una estrategia de analgesia altamente
efectiva en la ATR, reduce el dolor y el consumo
de opioides, y mejora los resultados posoperatorios. Su inclusión en protocolos estándar podría transformar el manejo del
dolor en la ATR.
Palabras clave: Artroplastia de rodilla; infiltración periarticular; analgesia multimodal; bloqueo de nervio
periférico/femoral; cápsula posterior.
Nivel
de Evidencia: II
Efficacy of Multimodal Analgesia, with or without
Periarticular Infiltration in Total Knee Arthroplasty:
Is Infiltration Worth the Risk? A
Prospective Randomized Comparative Study
ABSTRACT
Introduction: Postoperative pain following total
knee arthroplasty (TKA) is a major clinical and surgical challenge. This study evaluated the efficacy of
periarticular infiltration (PAI) as a key component of a multimodal analgesia
protocol. Objective:
To compare two multimodal pain management approaches in the
immediate postoperative period following TKA. Materials and Methods: A
prospective, randomized, controlled clinical trial was conducted in 130
patients with knee osteoarthritis. Patients were assigned to group 1 (multimodal analgesia plus PAI) or group 2 (multimodal analgesia alone). The primary
outcomes were pain, rescue opioid consumption, time to ambulation, and
length of hospital stay. Results: Patients
in group 1 had better outcomes, with lower postoperative
pain scores (0.88 ± 1.88 vs.
6.04 ± 0.90 at 24 hours;
p < 0.0001), 63% lower tramadol consumption (66.41 ± 55.31 vs. 181.74 ± 57.71 mg; p < 0.0001), earlier
ambulation (32 vs. 48 hours; p < 0.0001), a shorter hospital stay (72 vs. 76.19 hours; p = 0.0003), and less
postoperative blood loss (229.77 ± 102.77 vs.
337.30 ± 91.61 mL; p < 0.0001). Conclusions: PAI provided superior analgesia
and accelerated recovery without impairing muscle strength, unlike motor
blockade. Omitting the posterior
capsule from the infiltration was safe and effective.
PAI is a highly effective
analgesic strategy in TKA that reduces pain and opioid
consumption and improves postoperative outcomes. Its inclusion in standard protocols could transform pain
management in TKA.
Keywords: Knee arthroplasty; periarticular infiltration; multimodal analgesia; peripheral/femoral nerve block; posterior capsule.
Level of Evidence: II
Poco se discute de los buenos
resultados de la artroplastia total
de rodilla (ATR);
no obstante, su uso es limitado,
y las razones principales son: el miedo al dolor intenso posoperatorio, la
recuperación prolongada y el abordaje quirúrgico extenso.
Actualmente se emplean
recursos para mitigar estas complicaciones y se ha reportado un control del
dolor más efectivo,1 gracias a que nuestra comprensión y manejo del
proceso de generación de dolor están mejorando.
Los pacientes quirúrgicos
que reciben analgesia adecuada cumplen más con los programas de rehabilitación
acelerada, lo que mejora la calidad de vida en el posoperatorio inmediato.
El incremento de la esperanza de vida, la práctica de actividades físicas
exigentes y los traumatismos de rodilla
posiblemente generen, en los próximos
años, un mayor número de ATR, esto refuerza la necesidad de una rehabilitación temprana mediante un manejo analgésico eficaz y seguro
para recuperar la función de la articulación operada. Aliviar el dolor con la menor
cantidad de complicaciones se ha convertido en el objetivo
de nuestro Servicio y otros centros de artroplastia.2,3 Se estima que la
mayoría de los pacientes operados experimenta dolor intenso en un 60% y dolor moderado en un 30%.4 Con el objetivo
de reducir los eventos adversos, se han desarrollado vías multimodales para bloquear el dolor en su origen,
maximizar el control
muscular, promover la rehabilitación,
disminuir la estasis venosa y acelerar el alta.5
Existen varios algoritmos
intraoperatorios de manejo del dolor en la ATR,
algunos de los más utilizados son: anestesia
espinal con o sin morfina
intratecal, bloqueos de nervios periféricos, especialmente el bloqueo
del nervio femoral (BNF) e
infiltración periarticular (IPA).
El propósito de nuestro
estudio fue comparar dos modalidades de manejo multimodal del dolor, planteamos
que la IPA agregada a la analgesia multimodal reduce significativamente el
dolor posoperatorio, con una menor morbilidad asociada.
El resultado primario fue
evaluar el puntaje de dolor en las primeras horas de internación hasta el alta,
y los resultados secundarios fueron: uso de opioides como rescate, inicio de la
deambulación, volumen de sangrado posoperatorio y duración de la internación.
El estudio se inició luego de la aprobación del comité de ética. Los pacientes dieron su consentimiento informado antes de ser incorporados en el estudio,
se incluyó al equipo de anestesiología para el manejo de la medicación
(dosis, dilución).
Todos los participantes fueron seleccionados y recibieron información preoperatoria sobre el protocolo del estudio,
el método de control del dolor mediante analgesia controlada por el paciente y
la evaluación del dolor con la escala analógica visual (EAV).
Se llevó a cabo un
estudio prospectivo, comparativo y aleatorizado desde noviembre de 2022 hasta
marzo de 2024. Se seleccionaron 153 pacientes y 130 de ellos cumplían los
criterios de inclusión: diagnóstico primario de artrosis de rodilla grado 2 o
superior según la clasificación de Kellgren y Lawrence.6 Los criterios de
exclusión fueron: defectos óseos que requieran
injertos o implantes
adicionales, sufrir trastornos psiquiátricos, dependencia
del alcohol o drogas ilegales, alergias a medicamentos opioides, antinflamatorios no esteroides o algún anestésico local, infección previa en la
rodilla u otras articulaciones, enfermedades sistémicas o inflamatorias
sistémicas, deformidades congénitas o trastornos neurológicos y artroplastias
de revisión.
Los pacientes
fueron divididos en dos grupos: grupo 1 (n = 67) y grupo 2 (n = 63). Los pacientes del grupo
1 recibieron analgesia preoperatoria y posoperatoria, anestesia periaxial, protocolo de analgesia transoperatoria mediante IPA sin incluir
la cápsula posterior y los del grupo 2, anestesia periaxial y el esquema
multimodal pre y posoperatorio sin IPA.
Los grupos se diferenciaron al azar; durante
la cirugía, un miembro del equipo quirúrgico seleccionaba un sobre cerrado que indicaba si se aplicaba
la IPA o no en dicho paciente,
tanto el cirujano
como el equipo quirúrgico desconocían el contenido de los sobres.
Las variables evaluadas
fueron: dolor posoperatorio con la EAV, cuantificación del sangrado por hemosuctor, complicaciones posquirúrgicas, tiempo de inicio
de la deambulación, requerimiento de rescate con opioides por vía oral o
intravenosa y tiempo de internación (Tabla).
La analgesia por vía oral
se inició 48 h antes de la cirugía. Con el paciente en decúbito dorsal, se
administró anestesia periaxial el día de la operación
y se logró un bloqueo completo de los miembros inferiores. Se colocó un
manguito hemostático. Se empleó un abordaje pararrotuliano
medial estándar; una vez realizados los cortes y hechas las pruebas de
estabilidad, se definió si el paciente recibía la IPA o no (apertura del
sobre).
El “cóctel” se infiltró
haciendo énfasis en los lugares
con retracción de tejidos y zonas sensitivas mencionadas en los
estudios de Dye y cols.,7 y
Biedert y cols.,8 dirigiendo la infiltración a: tendón
cuadricipital, tendón rotuliano, ligamentos y cápsula
lateral y medial,
retináculos lateral y medial, pata de ganso, bolsa suprarrotuliana y cuadricipital (Figura 2). A continuación, se procedió al cementado y la colocación de los componentes protésicos Después
del acto quirúrgico, se prescribieron analgésicos programados durante la
internación, antibiótico profiláctico por 48 h. Al alta se indicaron analgésicos antinflamatorios por vía oral
y el primer control al día 15.
El equipo de
rehabilitación desconocía qué pacientes habían recibido IPA. El inicio sin
dolor de la terapia de rehabilitación permite que los pacientes
comiencen la deambulación el día de la cirugía
y los días posteriores. No se registraron episodios de caídas
durante la internación.
Combinamos el protocolo
multimodal con el manejo de expectativas del paciente y la preparación psicológica
antes de la operación, a fin de mejorar el conocimiento de su enfermedad y así favorecer
la adherencia y la movilización posoperatorias.
Las variables cualitativas se expresan
como “n” y porcentaje, y se compararon con la prueba
2 (o prueba
exacta de Fisher, según correspondiera). Las variables cuantitativas se expresan como media y desviación estándar
o mediana y rango
intercuartílico (RIC), y se compararon con la prueba de la t de Student o de Wilcoxon, según si la distribución era normal o no. Se informan los intervalos de confianza del 95% (IC95%)
respectivos. Se consideró estadísticamente significativo un valor p <0,05, con aproximación a dos colas. El análisis
estadístico se realizó
con el programa Stata 14.0.
Se analizaron los datos
de 130 pacientes, 82 eran mujeres (63,08%) y 48, hombres (36,92%). Setenta y
siete recibieron IPA (51,54%).
Los porcentajes de
pacientes infiltrados por sexo fueron similares: mujeres 51,22% (42/82) y
hombres 52,08% (25/48) (p = 0,924). No hubo diferencias en la edad promedio entre
los grupos (grupo
1: 68.02 ± 0.9 años y grupo 2: 69.01 ± 0.55; p = 0,3598).
Se observaron diferencias
estadísticamente significativas en los niveles de dolor medidos con la EAV
durante cuatro momentos diferentes en las primeras
24 h (6 h, 9 h, 12 h y 24 h). Los puntajes
promedio en la EAV fueron de 0,88 ± 1,88 a las 24 h para los
pacientes del grupo 1 vs. 6,04 ± 0,90 para los del grupo 2 (p <0,0001).
Estas diferencias se mantuvieron a las 36 h, 48 h y 72 h (Tabla, Figura 3).
Se analizó la necesidad de rescate con medicación analgésica y los pacientes infiltrados necesitaron menos
rescate de tramadol. A las 24
h, en promedio, cada paciente infiltrado había recibido 66,41 ± 55,31 mg de
tramadol vs. 181,74 ± 57,71 mg entre los no infiltrados (p <0,0001). Esta diferencia se mantuvo en el consumo
de tramadol acumulado por
paciente a las 48 y 72 h, y se destaca que tanto a las
48 h como a las 72 h, ninguno del grupo 1 solicitó rescates adicionales significativos, mientras que el 17,46% del grupo 2 precisó rescate
analgésico a las 48 h y el 7,94% a las 72 h (Tabla, Figura 4).
Todos los pacientes infiltrados fueron dados de alta a las 72 h y los no infiltrados, en promedio, a las 76.19 ± 9.18 h (p = 0,0003). Los pacientes del
grupo 1 tuvieron menos débito por drenaje (229,77 ± 102,77 ml) que los del
grupo 2 (377,30 ± 91,61 ml) (p <0,0001) y un comienzo más precoz de la
deambulación (grupo 1: mediana de 32
h [RIC 23-48]) vs. grupo 2: 48 h [RIC 34-48]) (p <0,0001) (Tabla). No
se observaron pacientes con neuropatías en ninguno de los dos grupos y solo dos
sufrieron una infección local, sin compromiso del implante ni de la función
final.
El control del dolor
después de una ATR constituye un pilar fundamental para el éxito
quirúrgico. Se dispone
de múltiples estrategias para su manejo
eficaz, como protocolos multimodales con bloqueos
selectivos o inyecciones periarticulares.
La inervación anterior9 y posterior de la
rodilla determina los principios técnicos y las precauciones durante la
aplicación de las IPA, fundamento respaldado por Dye y cols., y Biedert y cols.,7,8 quienes, mediante
artroscopias en pacientes conscientes sin anestesia, identificaron zonas de hiperalgesia a la palpación y documentaron una cantidad
significativa mayor de mecanorreceptores en áreas específicas.
Las terapias analgésicas,
como la anestesia espinal con o sin morfina intratecal, están asociadas a
náuseas, sedación, prurito, retención urinaria, estreñimiento y depresión
respiratoria;10 los bloqueos de nervios periféricos,
especialmente el BNF, juegan un papel importante en el manejo del dolor posoperatorio y no provocan
los efectos adversos que
causan los opioides parenterales y epidurales; sin embargo, el nervio puede
verse afectado por la anestesia local y provocar un déficit neurológico
transitorio11 con riesgo de caídas, lesión nerviosa por trauma
de la aguja y pérdida temporal del control motor, que ocasionan un retraso en
la movilización, y así un aumento del riesgo de complicaciones, como trombosis
venosa profunda.12
Por el contrario, las IPA
logran excelentes resultados analgésicos y reproducibles,13 con ligeras
limitaciones atribuibles a la corta duración del anestésico local y la
percepción de alivio insuficiente más allá de las 24 horas. No obstante, son
simples de administrar, permiten el retorno más rápido de la funcionalidad en
las extremidades inferiores,14 reducen el riesgo de complicaciones, son menos
costosas y se ha demostrado su seguridad y eficacia en programas con estudios
prospectivos aleatorizados.15
Los estudios
anatómicos confirman la ubicación variable
de los vasos poplíteos, se sitúan aproximadamente a 2 cm de la cápsula
posterior en flexión
y lateral a la línea media en más del 95% de los pacientes,16 esta variabilidad
fundamenta la controversia sobre la inclusión de la cápsula
posterior en la IPA. En nuestro estudio,
la excluimos, porque se han
detectado riesgos potenciales con esta técnica, como arritmia cardíaca por
inyección intravascular accidental, lesión neurológica por traumatismo directo
con aguja y variaciones anatómicas en ramificaciones de los vasos (arteria-vena-nervio)
documentadas mediante tomografía computarizada y angiografía femoral,16 que comprenden
factores de riesgo adicional.
Como resultado de estas
preocupaciones por el daño potencial, varios cirujanos han abandonado la IPA
con cápsula posterior.
Guler y cols.17 investigaron los
beneficios de la IPA sin infiltración de la cápsula posterior comparada con
otro tipo de anestesia en pacientes sometidos a una ATR bilateral con anestesia epidural. En los pacientes que
tenían rodillas con IPA sin cápsula
posterior, los puntajes
de dolor fueron
más bajos a las 6 y 12 h en el primero
y segundo día posoperatorio,
sin complicaciones neurovasculares o relacionadas con la herida en ninguno de
los grupos.
En estudios, se menciona
que la presencia de volúmenes de anestésico local
favorece que el líquido se disperse
en la parte posterior de la rodilla por gravedad con el paciente en decúbito
dorsal, e incluso durante la movilidad posoperatoria, sospechamos que la anestesia local
penetra ampliamente en las regiones
posteromediales y posterolaterales, bloqueando algunas
partes de la rama proximal del nervio articular posterior.18
La eficacia de la IPA depende
de la técnica, basándonos en la literatura médica, se recomienda infiltrar de 2
a 3
ml por cada punto anatómico. Este volumen optimizaría su efectividad al favorecer la penetración tisular
y cubrir las áreas sensitivas
de la rodilla descritas por Mayrand.5,7
Al comparar la IPA con las infiltraciones intrarticulares, estas últimas se realizaron después
del cierre de la cáp-sula, los
puntajes de dolor fueron más favorables con IPA. El consumo de opioides fue
menor en ambos grupos, aunque la reducción fue más marcada con IPA.2
Las complicaciones previsibles asociadas al dolor posquirúrgico abrupto están relacionadas con el uso excesivo
de opioides. Terkawi y cols.,19 y Busch y cols.,20 en un ensayo
aleatorizado de 64 pacientes con IPA, observaron menos uso de analgesia
posoperatoria y de opioides a las 6, 12 y 24 h, y un puntaje de dolor en la EAV
inferior.
La mayoría de los estudios que emplean IPA reportan una mejoría sustancial y clínicamente relevante del dolor
posoperatorio con una tasa de infección <2%.19
Vendittoli
y cols.21 documentaron
un menor consumo de morfina hasta las 40 h posoperatorias en el grupo con IPA
frente al grupo de control (BNF). Notablemente, los pacientes asignados al BNF
fueron menos capaces de lograr la elevación de la pierna recta, la extensión
activa de la rodilla y una mejor deambulación.
Al comparar la IPA con el BNF, los puntajes de dolor fueron
similares y las estancias hospitalarias, cortas. Con la IPA
la probabilidad de disestesia de los nervios periféricos fue menor, pero fueron
necesarios más opioides intraoperatorios el día de la cirugía que con el BNF;13 sin embargo, el
consumo de opioides posoperatorios y los puntajes de dolor fueron más bajos con
la IPA comparada con el BNF.5
Los bloqueos combinados
de los nervios ciático y femoral pueden ocasionar complicaciones, como
debilidad muscular, daño nervioso e infección local (1-2,5%) y colonización de
catéteres a las 48 h en caso de bloqueos continuos (57%).13
En un ensayo aleatorizado, Chaumeron y cols.14 observaron que la IPA proporcionó una analgesia equivalente hasta por 120 h, y evitó el bloqueo
motor asociado al BNF en un 37%. Este último grupo tuvo una estancia
hospitalaria más prolongada por déficit motor y efectos adversos por opioides, además, los costos hospitalarios fueron más altos.
Respecto a la función del músculo cuadricipital, se observó una
recuperación más lenta en grupos de pacientes que recibieron BNF. La IPA permitió
una movilidad temprana,
redujo a la mitad la estancia hospitalaria y mejoró la distancia de la deambulación posoperatoria
en los días 0, 1 y 2.22
En un estudio
retrospectivo, Duensing y cols.23 observaron un riesgo de artrofibrosis
asociado a dolor, con una incidencia del 7,7% cuando no se utilizaba
la IPA. Por el contrario, en los pacientes
manejados con IPA dentro de los protocolos de rehabilitación
acelerada, se detectó una reducción significativa de esta complicación (hasta
un 2,4%), un hallazgo crucial ante la creciente incidencia de rigidez
posoperatoria en las ATR.
En cuanto al sangrado, Barrington y cols.24 documentaron una menor
pérdida hemática en pacientes que recibían
IPA en la ATR, aunque otros autores
no han replicado esta diferencia.25 Esto sugiere que la IPA no incrementa el riesgo hemorrágico más allá de lo esperado
en el procedimiento quirúrgico convencional.25 En nuestro
estudio, la inclusión de bupivacaína con epinefrina en el cóctel redujo significativamente el sangrado posoperatorio comparado con el grupo de control (p <0,05). Esta divergencia podría
atribuirse al efecto
vasoconstrictor de la epinefrina,
un resultado consistente con el de Barrington y cols.,24 pero no con los
de otros estudios publicados.25 Esto indica que
la IPA además de su efecto analgésico podría modular complicaciones hemorrágicas en contextos
específicos. Nuestros resultados demuestran una reducción significativa
del dolor, con una eficacia máxima en las primeras 6, 12 y 24 h posoperatorias y un efecto analgésico sostenido
hasta 48-72 h, esto valida nuestro protocolo
multimodal.
Las fortalezas de este estudio
incluyen su diseño aleatorizado controlado que minimizó sesgos de selección, su
protocolo estandarizado de atención pre y posoperatoria aplicado
consistentemente a ambos grupos.
Reconocemos limitaciones
importantes que deben considerarse. La ausencia de seguimiento a largo plazo,
lo que impide evaluar el impacto real de la IPA en parámetros de calidad de
vida y recuperación funcional más allá del período posoperatorio inmediato, la
heterogeneidad en los protocolos de IPA entre diferentes centros con variaciones
significativas en la composición de los cócteles (fármaco, dosis, adyuvantes),
técnica de infiltración y puntos anatómicos abordados. Esta variabilidad
metodológica frecuente en la literatura médica actual dificulta la comparación
directa de resultados y su reproducibilidad.
Sobre la base de nuestros hallazgos
y la bibliografía, hemos implementado el protocolo multimodal con IPA sin cápsula posterior en todas las ATR, en
nuestro Servicio.
La IPA en la ATR demostró
ser una estrategia analgésica superior, con una analgesia más efectiva (EAV <1 en 24
h), menor consumo
de opioides (<63%
de tramadol), recuperación acelerada (deambulación 32 h), reducción de la internación y los costos (alta 72 h). Su perfil seguro y su técnica reproducible la posicionan como una alternativa óptima frente a la analgesia
sistémica o los bloqueos nerviosos. Se recomienda su implementación en
protocolos de recuperación mejorada para optimizar los resultados
posoperatorios.
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H. Sosa: https://orcid.org/0009-0000-8894-9840
ORCID
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ORCID de J. B. Salerno: https://orcid.org/0009-0002-6703-9164
ORCID de M. J. Castaño Robles: https://orcid.org/0009-0002-2304-3065
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ORCID de J. Ugalde: https://orcid.org/0009-0001-4402-3269
ORCID
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ORCID de M. G. Silva: https://orcid.org/0009-0006-1065-7032
ORCID de R. Santiago: https://orcid.org/0009-0006-5641-1126
Recibido el 13-7-2025. Aceptado luego de la evaluación el 27-4-2026 • Dr. IGOR V. ORSOLINI
TEJERINA • locuorso@gmail.com • https://orcid.org/0000-0001-8384-6164
Cómo citar
este artículo: Orsolini Tejerina IV, Fazzone F, Sosa VH, Flores Garcia JMJ, Salerno JB, Castaño Robles
MJ, et al. Eficacia de la analgesia multimodal, con o sin infiltración periarticular en el reemplazo total de rodilla. ¿Merece el
riesgo infiltrar? Estudio comparativo prospectivo aleatorizado. Rev Asoc Argent Ortop Traumatol 2026;91(5):410-419. https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.5.2193
Información
del artículo
Identificación: https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.5.2193
Fecha
de publicación: Octubre, 2026
Conflicto
de intereses: Los autores no declaran
conflictos de intereses.
Copyright: © 2026, Revista de la Asociación Argentina de Ortopedia y
Traumatología.
Licencia: Este artículo está bajo una Licencia Creative Commons
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