INVESTIGACIÓN CLÍNICA
Fijación directa con
tornillos canulados de las fracturas tipos
2 y 3 de Bartoníček y Rammelt
Juan
Ignacio Crosa, Mauro
A. Goveo, Fernando
Vago Anaya, Juan Ignacio Peralta,
Corali Colombo, Emiliano
Loncharich
Departamento de Ortopedia y Traumatología, Hospital
Británico de Buenos
Aires, Ciudad Autónoma
de Buenos Aires,
Argentina
RESUMEN
Introducción: En numerosos
estudios, se ha demostrado la importancia del maléolo posterior en la
estabilidad del tobillo, y la mayoría concuerda en que es necesaria la fijación quirúrgica cuando el fragmento representa >25-30% de la superficie articular. Sin embargo, el método de fijación ideal
sigue siendo controvertido. Objetivo: Evaluar los resultados a mediano plazo
de la fijación exclusiva de fracturas del maléolo posterior con tornillos canulados, especialmente la recuperación funcional, la estabilidad
articular y las tasas de complicaciones. Materiales y Métodos:
Estudio retrospectivo realizado
entre enero de 2018 y diciembre
de
2022. Los criterios de inclusión
fueron: edad >18 años, fracturas fijadas exclusivamente
con tornillos canulados y un seguimiento mínimo
de 24 meses. Se llevaron
a cabo evaluaciones clínicas y radiológicas pre y posoperatorias. Resultados: Se incluyó a 58 pacientes. El tamaño promedio
del fragmento fue del 28,4%.
Se logró una reducción anatómica en el 82,7%
de los casos, con una tasa de consolidación del 100%. En el seguimiento, la dorsiflexión disminuyó un 25% y la flexión
plantar, un 20%. El puntaje de la escala de la AOFAS mejoró de 58,4 a 88,6, mientras que
el puntaje de la escala analógica visual para dolor disminuyó de 7,1 a 2,8. La tasa global de complicaciones fue del
17,2%. Conclusiones: La fijación
directa del maléolo posterior con tornillos canulados representa una estrategia efectiva
para el manejo
de estas fracturas, con altas tasas
de reducción anatómica y un perfil de complicaciones comparable con
el de otros métodos de fijación.
Palabras clave: Fractura; maléolo posterior; tobillo.
Nivel de Evidencia: IV
Direct Cannulated Screw Fixation of Bartoníček-Rammelt Type 2 and 3 Posterior Malleolar Fractures
ABSTRACT
Introduction: The importance of the posterior malleolus in ankle stability has been demonstrated in numerous studies, and most authors agree that
surgical fixation is indicated when
the fragment involves more than 25-30% of the articular surface. However, the optimal fixation method remains controversial. Objective: To evaluate the mid-term outcomes of isolated fixation of posterior malleolar fractures
using cannulated screws, with particular emphasis on functional recovery, joint stability, and complication rates. Materials and
Methods: A retrospective study was
conducted between January 2018 and December
2022. Inclusion criteria were age >18 years, posterior malleolar fractures treated exclusively with cannulated screws, and a minimum follow-up of 24 months. Clinical and radiographic evaluations were performed preoperatively and postoperatively. Results: Fifty-eight patients were included. The mean fragment size was 28.4% of the articular surface. Anatomic reduction was achieved in 82.7% of cases, with a union rate of 100%. At follow-up, ankle dorsiflexion was reduced by 25% and plantar flexion by 20%. The American
Orthopaedic
Foot & Ankle Society (AOFAS) score improved from 58.4 to 88.6, while the Visual Analog Scale (VAS) pain score decreased from 7.1 to
2.8.
The overall complication
rate was 17.2%. Conclusions: Direct fixation
of the posterior malleolus with cannulated screws is an effective strategy for the management of these fractures, achieving high rates of anatomic reduction and a complication profile comparable to that of other fixation
methods.
Keywords: Fracture; posterior malleolus; ankle.
Level of Evidence: IV
Las fracturas
de tobillo con compromiso del maléolo posterior
(MP) se asocian con peores resultados clínicos
y un mayor riesgo de artrosis.1-3
En numerosos estudios, se ha demostrado la importancia del MP en la estabilidad
del tobillo, y la mayoría de los autores concuerda en que es necesaria la
fijación quirúrgica cuando el fragmento representa más del 25-30% de la
superficie articular.4-8 Independientemente
del tamaño del MP, en los últimos años, se ha prestado mayor
atención a la restauración anatómica de la incisura
y a la estabilidad de la sindesmosis tibioperonea distal al reducir
y fijar, de manera directa,
el fragmento posterior.9 Existen diversas opciones
de fijación, como tornillos anteroposteriores o posteroanteriores, placas en función antideslizante o una combinación de estas técnicas.9-12 Sin
embargo, el método de fijación ideal sigue siendo controvertido.
La fijación del MP con tornillos posteriores permite lograr
una reducción anatómica y una estabilidad absoluta, factores fundamentales para un tratamiento adecuado.13 No obstante, su efectividad en términos de resultados funcionales continúa siendo un tema de investigación activa.14.15 La estabilidad biomecánica de la fijación
con tornillos ha sido
cuestionada al compararla con la de otros métodos, motivo por el cual despertó
nuestro interés.
El objetivo de este
estudio fue evaluar los resultados a mediano plazo del tratamiento con la
fijación exclusiva con tornillos canulados de las fracturas del MP. Mediante
la evaluación clínica
e imagenológica se buscó analizar aspectos clave, como la
recuperación funcional, la estabilidad articular y la aparición de
complicaciones, además de identificar factores predictivos de éxito
terapéutico. El análisis de los resultados contribuirá a una mejor comprensión
de las indicaciones y limitaciones en el manejo de las fracturas del MP.
Luego de obtener la
aprobación del Comité de Ética de nuestro hospital (protocolo número 9.273), se
analizó retrospectivamente la base de datos del Servicio para identificar a
todos los pacientes operados por una fractura trimaleolar
de tobillo entre enero de 2018 y diciembre de 2022.
Se incluyó a pacientes
>18 años, con fracturas agudas unilaterales de tobillo (<15 días de
evolución) y compromiso del MP fijado únicamente con tornillos a través de una vía posterior, evaluados mediante una tomografía computarizada (TC) pre y
posoperatoria, y al menos, con 24 meses de seguimiento.
Se excluyó a aquellos con
comorbilidades que contraindicaban la cirugía (diabetes mellitus mal
controlada, enfermedad vascular periférica severa), enfermedad previa en el
tobillo afectado, fracturas expuestas, fracturas avulsivas o no desplazadas
(<2 mm) en las cuales no se fijó el MP.
Luego del análisis de las historias
clínicas, se registraron el sexo, la edad, el lado afectado
y las comorbilidades asociadas (índice de masa corporal, diabetes
mellitus, tabaquismo, enfermedad vascular periférica, entre otras).
Todos los pacientes evaluados
contaban con el par radiológico de tobillo, y TC pre y posoperatorias.
Con las imágenes
tomográficas preoperatorias, se determinó el tamaño del MP (%) y la presencia
de un tercer fragmento. Se utilizó
como referencia el corte axial
con el mayor diámetro medible
en el que se pudiera
evaluar el contorno de la
superficie articular tibial no fracturada.16 Se utilizó la clasificación de Bartoníček y Rammelt para definir
los distintos tipos de fracturas del MP.17
Se documentó el tiempo
transcurrido hasta la cirugía, la duración de esta y el tipo de abordaje
quirúrgico empleado (posteromedial o posterolateral).
Según la evaluación de la radiografía del posoperatorio inmediato, se detalló la configuración de la fijación (1 tornillo de sostén más 1
tornillo en compresión, 1 tornillo de sostén más 2 tornillos en compresión o 1
tornillo de sostén más 1 tornillo
en función de la posición)
(Figura 1). El tipo de configuración se decidió durante
la cirugía en función del
tamaño del fragmento y la resección o no del fragmento intercalar. Asimismo, se
registró si fue necesario o no estabilizar adicionalmente la sindesmosis
mediante un tornillo transindesmal.
Todas las mediciones estuvieron a cargo de un único examinador (cirujano
autor). Se utilizó
el programa computarizado Synapse Radiology PACS®, versión: 5.7.000
AI (FUJIFILM Healthcare Americas
Corporation,
EE.UU.). Se valoró la calidad de la reducción
del MP en los cortes axiales y sagitales de la
TC del posoperatorio inmediato. Se la dividió en anatómica (<1
mm de brecha/escalón articular), satisfactoria (entre 1 y 2 mm) y no satisfactoria (>2 mm).18-20
Se detalló el inicio de
la carga de peso, así como el tiempo transcurrido hasta la consolidación, esta
última se definió como la desaparición del trazo de fractura en el MP.21
Al finalizar el
seguimiento, se realizó un examen clínico donde se evaluó el rango de movilidad
del tobillo, de manera comparativa.13 Los instrumentos empleados para determinar los resultados fueron:
el puntaje de escala de la American
Orthopaedic Foot and Ankle Society (AOFAS) y la escala analógica visual para
dolor.
Por último, se tomó nota
de las complicaciones derivadas del tratamiento, entre ellas, la aparición de
signos degenerativos a mediano
plazo, categorizando el grado de artrosis postraumática a través de la clasificación radiológica de Bargon22 al final del seguimiento.
Todos los pacientes
fueron operados bajo anestesia raquídea o general y en decúbito ventral, con un
manguito neumático en el muslo. En 49 pacientes, se utilizó un abordaje posterolateral clásico, entre el tendón del flexor largo del hallux y los peroneos,
con identificación y protección del nervio sural. En los 9 casos restantes, se empleó un abordaje posteromedial modificado para
acceder a fragmentos posteromediales desplazados, entre el flexor largo del hallux y el paquete neurovascular tibial posterior.
Una vez expuesta la
fractura, se procedió a la resección de fragmentos intercalares desplazados
cuando impendían la reducción (n = 12). La reducción se logró bajo visión
directa, asistida con una pinza de reducción, y se controló con radioscopia
intraoperatoria. A continuación, se colocó un tornillo canulado
de rosca completa con arandela en el vértice proximal
del fragmento, en función antideslizante (“tornillo de sostén”). Finalmente, según el
tamaño y la morfología del fragmento, se agregaron uno o dos tornillos canulados de 4,0 mm en compresión transfracturaria,
o bien en función de posición cuando el fragmento intercalar había sido
resecado (Figura 2). La estabilidad sindesmótica se evaluó durante
la cirugía mediante
la prueba de estrés bajo radioscopia, colocando
un tornillo transindesmal cuando persistía la
inestabilidad (43,1% de los casos).
La fijación exclusiva con tornillos canulados es una técnica reproducible, pero demanda atención en varios puntos críticos que, según nuestra
experiencia, marcan la diferencia entre un resultado
satisfactorio y una mala reducción.
En primer lugar, la identificación correcta
del fragmento puede
ser dificultosa si hay conminución metafisaria o
fragmentos intercalares. El análisis preoperatorio de la TC, con reconstrucciones axiales y sagitales, es indispensable
para planificar el tamaño y el número de tornillos.
En segundo lugar, la decisión de resecar el fragmento intercalar debe tomarse de manera individualizada: cuando su permanencia impide la reducción anatómica del
fragmento posterior principal, recomendamos su resección y fijación del MP con
tornillo de sostén más tornillo en función de posición.
En tercer lugar, el tornillo de sostén con arandela debe colocarse en el vértice
proximal del fragmento
y orientado perpendicularmente
al trazo de fractura. Una orientación inadecuada genera la migración axial del
fragmento y la pérdida de la
reducción. Para los tornillos de compresión, se debe verificar, bajo
radioscopia en perfil, que no penetren la articulación tibioastragalina.
Un error frecuente es subestimar la inestabilidad sindesmótica residual:
incluso, luego de una fijación
anatómica del MP, la prueba de estrés intraoperatoria puede revelar una inestabilidad sindesmótica, como ocurrió en el 43,1% de nuestra serie. La omisión de
este paso puede condicionar el resultado funcional.
Por último, la colocación
de tornillos por abordajes posteriores permite adaptar la osteosíntesis al tipo
de fractura, y no adaptar la fractura a la osteosíntesis como normalmente
ocurre con las placas posteriores. Los distintos tipos de configuraciones utilizables, sumado a la posibilidad de “embutir” los tornillos en la cortical
posterior nos permiten una
reducción anatómica, disminuyendo el riesgo de fricción de nuestra
osteosíntesis con los tendones en la región posterior.
Las variables numéricas
se describen como media y desviación estándar o mediana y rango intercuartílico
de acuerdo con su distribución, mientras que las cualitativas, como frecuencias
y porcentajes.
La comparación de las
variables cuantitativas y categóricas se realizó con las pruebas de la t de Student y 2 (o
método exacto de Fisher
de ser necesario), respectivamente. Se consideró estadísticamente significativo
un valor p <0,05.
Los datos recopilados se analizaron en una planilla
Excel (Redmon, EE.UU.) y, para los cálculos estadísticos, se utilizó el programa GraphPad Prism 8.0 (LaJoya, CA, EE.UU.).
Entre enero de 2018 y diciembre
de 2022, 223 pacientes fueron tratados por una fractura
de tobillo con compromiso
del MP.
Se excluyó a 98 pacientes a quienes, por diferentes motivos,
no se les fijó el MP (la mayoría eran fracturas tipo 1
y tipo 2 de Bartoníček y Rammelt, sin desplazamiento), a 27 porque
el método de fijación utilizado era una placa antideslizante, a 21 por no contar
con una TC pre o posoperatoria, a 9
por fracturas expuestas y a 10 por falta de seguimiento.
La serie quedó conformada por 58 pacientes con fracturas del MP fijadas
únicamente con tornillos canulados y un seguimiento promedio de 32.5 ± 7.7 meses. Las
características demográficas se describen en la Tabla
1.
El tamaño promedio del MP
era de 28,4 ± 7,0% (rango 20-38%) de la superficie articular tibioastragalina. Se encontraron 12 fragmentos intercalares
asociados a la fractura del MP (20,7%).
Treinta y tres de las 58 fracturas del MP (57%) eran del tipo 2 de la clasificación de Bartoníček y Rammelt y 25
(43%), del tipo 3. No había fracturas tipo 4 fijadas con tornillos.
La cirugía se realizó,
en promedio, a los 8.9 ± 4.6 días después
de la lesión. El tiempo
quirúrgico promedio fue de
93.3 ± 40.6 minutos. Se utilizó el abordaje posterolateral en 49 pacientes
(84,5%) y el posteromedial modificado en los 9 restantes (15,5%).
En 39 pacientes (67,3%),
se configuró la fijación con un tornillo
canulado de rosca completa con arandela en función
antideslizante en el vértice de la fractura más dos tornillos en compresión transfracturarios. En 12 pacientes (20,7%), se fijó con un tornillo
de sostén más un tornillo
en compresión y, en los 7 restantes
(12%), con un tornillo
de sostén más un tornillo
en función de posición. Cabe mencionar que, en estos
últimos, se decidió
este montaje al haber resecado fragmentos intercalares
desplazados para lograr la reducción del MP.
A pesar de la fijación
directa del MP, en 25 casos (43,1%), fue necesario fijar adicionalmente la
sindesmosis colocando un tornillo transindesmal.
Según las imágenes tomográficas del posoperatorio inmediato, 48 pacientes (82,7%)
tenían una reducción anatómica del MP; 9 (15,5%), una satisfactoria y uno (1,8%), no
satisfactoria (Figuras 3-5).
Se autorizó el inicio de la carga progresiva de peso, en promedio, a las 5.3 ± 0.8 semanas, y se logró la consolidación del MP a las 16.3 ± 3.8
semanas. La tasa de consolidación al final del seguimiento fue del 100%.
Con respecto al rango de
movilidad del tobillo comparativo, se registró una disminución del 25% de la
dorsiflexión y un 20% de la flexión plantar en el tobillo operado (Tabla 2).
Los puntajes
de la escala de la AOFAS fueron:
58,4 ± 5,1 en la evaluación preoperatoria y 88,6 ± 5,6 al final del seguimiento. Los puntajes en la escala
analógica visual para dolor fueron:
7,1 ± 1,2 en el preoperatorio y 2,8 ± 0,7
en el posoperatorio.
La tasa global de
complicaciones fue del 17,2% (n = 10). Hubo dos casos (3,45%) de infección del
sitio quirúrgico que requirieron desbridamiento quirúrgico y tratamiento
antibiótico sensible para su resolución. A tres pacientes (5,17%), se les retiró el implante al año de la cirugía por dolor
relacionado. Por último, cinco (8,62%) desarrollaron artrosis postraumática
grados 2 y 3 de la clasificación de Bargon. Ninguno
requirió cirugía de revisión en el momento del estudio.
No se registraron casos de pérdida
de la reducción o fatiga
del implante al finalizar el seguimiento.
Se ha demostrado que las
fracturas de tobillo con compromiso del MP tienen un peor pronóstico.1,3,8 El
tratamiento adecuado, la indicación de cirugía y los métodos de fijación del MP
siguen siendo un tema de controversia.7,10,11,13,22 Si bien el uso de placas antideslizantes parecería ser el método preferido
por la mayoría de los autores,
los hallazgos de nuestro análisis
revelan que la fijación exclusiva
con tornillos ofrece resultados clínicos
e imagenológicos
satisfactorios a mediano plazo, comparables con los de la fijación con placas
antideslizantes.
Las fracturas que
comprometen más del 25% de la superficie articular deben ser tratadas de forma
quirúrgica.16,18,24,25 Cuando el
tamaño del fragmento es menor, la decisión depende del desplazamiento de este,
el compromiso de la incisura y la presencia de fragmentos intercalares
desplazados. En los últimos años, algunos estudios sugieren que la fijación de
estos pequeños fragmentos tendría un efecto positivo en la estabilidad de la
articulación.4,21,24 En nuestra
serie, el tamaño promedio fue del 28,4 ± 7,0%, similar a lo publicado por Zhang
y cols.13 donde el tamaño del MP
fue del 30,9% en el grupo con tornillos y del 31,7% en el grupo con placa.
La elección del abordaje
se basa en el tipo de fractura del MP según la clasificación de Bartoníček y Rammelt, la
preferencia del cirujano y su experiencia.26
Erdem y cols.15 fijaron el MP a
través de un abordaje posterolateral en todos los casos. De igual forma,
Forberger y cols.26 abordaron las
fracturas del MP por la misma vía, con excelentes resultados. En nuestra
serie, se había
utilizado el abordaje
posterolateral en 49 pacientes (84,5%).
En los 9 casos restantes (15,5%),
se decidió usar un abordaje
posteromedial modificado para reducir y fijar el fragmento
posteromedial desplazado.
En la literatura médica,
se recomienda el uso de placas sobre
tornillos para la fijación de las fracturas del MP.27 Esta decisión se fundamenta en la
creencia de que las placas pueden prevenir la migración axial manteniendo la
reducción.14 Esto
se considera el punto clave para la fijación de este tipo de fracturas.
Por el contrario, durante
los últimos años, en múltiples estudios, se ha demostrado que, con la fijación
directa mediante tornillos, se pueden obtener resultados funcionales y
radiológicos equivalentes a los de la fijación con placa antideslizante, con tres ventajas concretas: 1) menor disección
de partes blandas,
al no requerir la exposición amplia de la cara posterior tibial
necesaria para apoyar
la placa; 2) menor tiempo
quirúrgico (Zhang y cols. reportaron 78.5 vs. 98.2 min) y menos sangrado
intraoperatorio;13,15,21 y 3) versatilidad de configuración, ya que permite adaptar el montaje al tamaño del
fragmento y a la presencia o no de fragmentos intercalares, utilizando entre
dos y tres tornillos de 4,0 mm (Figura 6).
Estas ventajas, sumadas
al menor costo del implante respecto a la placa preformada, hacen de esta
técnica una alternativa especialmente atractiva para centros con recursos
limitados o para cirujanos con experiencia en abordajes posteriores.
En nuestra serie, se utilizaron tres tipos de configuraciones con tornillos canulados, siempre
con un tornillo con
arandela de sostén, con un tiempo quirúrgico de 93.3 ± 40.6 min; se logró la consolidación sin pérdida de la reducción en todos los pacientes, en un
tiempo promedio de 16.3 ± 3.8 semanas.
En el contexto de una
fractura de tobillo asociada a una lesión sindesmal,
donde predominan las fuerzas rotatorias, la disrupción o avulsión del ligamento
tibioperoneo posteroinferior se suele asociar con la lesión del ligamento tibioperoneo anterior y el interóseo.28 Por tal motivo, la fijación del MP no garantiza la absoluta estabilidad sindesmal
ni tampoco la correcta reducción rotatoria del peroné en la incisura.
A pesar de la fijación directa
del MP, en 25 casos (43,1%), se fijó adicionalmente la sindesmosis con un tornillo suprasindesmal.
La falla en restaurar la
congruencia articular está relacionada con peores resultados funcionales en el
posoperatorio en comparación con aquellos donde se logra la reducción
anatómica.18-20 El aumento de la
incidencia de artrosis ocurre con escalones articulares >2 mm.29 Tanto la congruencia articular como la estabilidad
son dos factores pronósticos aislados determinantes para el éxito de la
cirugía.13,30,31 En nuestro estudio, se logró una reducción
anatómica en 48 pacientes (82,7%) y una reducción satisfactoria en 9 (15,5%). Kang
y cols.22 publicaron resultados
similares: el 94% de los pacientes con fracturas del MP fijadas con tornillos
tenían un escalón articular <2 mm. En un estudio comparativo
de 40 pacientes, Erdem y cols.15 tuvieron un caso con un escalón
de 3 mm en el grupo
fijado con tornillos y uno con un escalón de 2 mm en el grupo fijado con placa.
En los pacientes de
nuestra serie, el puntaje de la escala de la
AOFAS mejoró de 58,4 a 88,6. El puntaje de la escala analógica visual
para dolor disminuyó de 7,1 a 2,8 al finalizar el seguimiento. Ambos resultados son similares a los
publicados cuando se realiza la fijación del MP. En un estudio retrospectivo de
32 pacientes llevado a cabo por Roukun y cols., el puntaje de la escala
de la AOFAS fue de 92 al final del seguimiento. De forma similar, Forberger y cols., en una revisión
de 45 pacientes sometidos a fijación del MP con placa antideslizante, el puntaje de la
escala de la AOFAS promedio
posoperatorio fue de 93.
El tratamiento conservador de las fracturas de tobillo se ha asociado
con una disminución estadísticamente significativa del rango de movilidad articular
en comparación con la cirugía.20,32
Por tal motivo, consideramos fundamental la reducción y fijación interna estable,
ya que permite realizar ejercicios de movilidad articular de manera precoz,
fundamentales para una rápida recuperación.31
En nuestra serie, la dorsiflexión
del tobillo operado disminuyó un 25% y la flexión plantar, un 20% respecto del
tobillo sano. Estos resultados concuerdan con los descritos en las distintas publicaciones.
Zhang y cols.13 comunicaron una diferencia del 22,5% en la dorsiflexión y del 15,1% en la flexión plantar, al final del seguimiento, con respecto al tobillo sano,
en el grupo fijado con tornillos; y una diferencia del 15,5% y 12,2%, respectivamente, en el grupo fijado con placa.
A pesar de los buenos resultados reportados a mediano
plazo, es fundamental reconocer que las complicaciones
posoperatorias, como la aparición de artrosis, siguen
siendo un tema de preocupación. Esto enfatiza la importancia
de una adecuada evaluación preoperatoria y de una correcta técnica
quirúrgica, ya que una reducción
anatómica y una fijación
interna estable son fundamentales para minimizar estos riesgos. La tasa de complicaciones en nuestro
estudio se alinea con las publicadas en la literatura médica. Cinco pacientes
(8,6%) tenían artrosis
postraumática al final del
seguimiento. De manera similar, Zhang y cols.13
detectaron cinco casos (10,4%) de artrosis severa.
Es importante señalar que
este estudio tiene limitaciones inherentes a su diseño retrospectivo, como la
falta de aleatorización y el tamaño relativamente reducido de la muestra. Se necesitan estudios
prospectivos, con un mayor
número de participantes y un seguimiento más extenso, para validar nuestros
hallazgos y explorar
más a fondo la efectividad
de las diferentes técnicas de fijación.
En nuestra serie, se logró la reducción anatómica y satisfactoria del MP en el 98% de los pacientes, sin pérdida
de la reducción a lo largo del seguimiento y una tasa de complicaciones similar
a la de otras técnicas descritas.
La fijación directa del
MP con tornillos canulados representa una estrategia
efectiva para el manejo de estas fracturas.
BIBLIOGRAFÍA
1.
Jaskulka RA, Ittner G, Schedl R. Fractures of the posterior tibial
margin: their role in the prognosis of malleolar fractures. J
Trauma 1989;29(11):1565-70. https://doi.org/10.1097/00005373-198911000-00018
2.
Macko VW, Matthews
L, Zwirkoski P, Goldstein S. The joint-contact area of the ankle: the contribution of the posterior malleolus. J Bone
Joint Surg Am 1991;73(3):347-51. PMID: 2002072
3.
McDaniel WJ, Wilson FC. Trimalleolar fractures
of the ankle: an end result study. Clin Orthop Relat Res 1977;(122):37-45. PMID: 402247
4.
Fitzpatrick DC, Otto JK, McKinley
TO, Marsh JL, Brown TD. Kinematic and contact stress
analysis of posterior malleolus
fractures of the ankle. J Orthop Trauma 2004;18(5):271-8. https://doi.org/10.1097/00005131-200405000-00002
5.
Hartford JM, Gorczyca
JT, McNamara JL, Mayor MB. Tibiotalar contact area: contribution of posterior malleolus and deltoid
ligament. Clin
Orthop Relat Res 1995;(320):182-7. PMID: 7586825
6.
Raasch W, Larkin
J, Draganich L. Assessment of the posterior malleolus as a restraint to posterior subluxation of the ankle. J Bone Joint Surg Am 1992;74(8):1201-6. PMID: 1400549
7.
Scheidt K, Stiehl
J, Skrade D, Barnhardt T. Posterior malleolar ankle fractures: an in vitro
biomechanical
analysis of
stability in the loaded and unloaded states. J Orthop
Trauma 1992;6(1):96-101. PMID: 1556631
8.
Vries JS de, Wijgman AJ, Sierevelt IN, Schaap GR. Long-term results of ankle fractures with a posterior malleolar fragment. J Foot
Ankle Surg 2005;44(3):211-7. https://doi.org/10.1053/j.jfas.2005.02.002
9.
Bartoníček J, Rammelt S, Tuček
M. Posterior malleolar fractures: Changing concepts and recent developments. Foot Ankle Clin N
Am 2017; 22(1):125-45. https://doi.org/10.1016/j.fcl.2016.09.009
10. Anwar
A, Zhang Z, Lv D, Lv G, Zhao Z, Wang Y, et al. Biomechanical efficacy of AP, PA lag screws and posterior
plating for fixation of posterior malleolar
fractures: a three-dimensional finite element study. BMC Musculoskelet Disord 2018;19(1):73. https://doi.org/10.1186/s12891-018-1989-7
11. Shi H-F, Xiong
J, Chen Y-X, Wang J-F, Qiu X-S, Huang J, et al. Comparison of the direct and indirect reduction techniques during the surgical
management of posterior malleolar
fractures. BMC Musculoskelet
Disord 2017;18(1):109. https://doi.org/10.1186/s12891-017-1475-7
12. Veltman ES, Halma JJ, de Gast A. Long-term outcome of 886 posterior
malleolar fractures: a systematic review of the literature. Foot Ankle Surg 2016;22(2):73-7. https://doi.org/10.1016/j.fas.2015.05.003
13. Zhang
K, Cui R, Gu Y, Wang D, Yan J, Yin Z, et al. Posteroanterior lag screws versus posterior
buttress plate fixation of posterior malleolar fragments in spiral tibial shaft fracture. J
Foot Ankle Surg 2020;59(4):768-73. https://doi.org/10.1053/j.jfas.2019.09.039.
14. Gardner MJ, Streubel PN, McCormick JJ, Klein SE, Johnson JE, Ricci WM. Surgeon practices regarding operative treatment of posterior malleolus fractures. Foot Ankle Int 2011;32(4):385-93. https://doi.org/10.3113/FAI.2011.0385
15. Erdem
MN, Erken HY, Burc H, Saka G, Korkmaz MF, Aydogan M. Comparison of lag screw versus buttress plate fixation of posterior malleolar
fractures. Foot Ankle
Int 2014;35(10):1022-30. https://doi.org/10.1177/1071100714540893.
16. Evers
J, Barz L, Wähnert D, Grüneweller N, Raschke
MJ, Ochman S. Size matters: the influence of the posterior fragment on patient
outcomes in trimalleolar ankle fractures. Injury 2015;46(Suppl 4):S109-113. https://doi.org/10.1016/S0020-1383(15)30028-0
17. Bartoníček J, Rammelt S, Kostlivý K, Vaněček
V, Klika D, Trešl I. Anatomy and classification of the posterior
tibial fragment in ankle
fractures. Arch Orthop
Trauma Surg 2015;135(4):505-16. https://doi.org/10.1007/s00402-015-2171-4
18. Drijfhout van Hooff CC, Verhage SM, Hoogendoorn JM. Influence of fragment size and postoperative joint congruency on long-term outcome
of posterior malleolar fractures. Foot Ankle Int 2015;36(6):673-8. https://doi.org/10.1177/1071100715570895
19. Berkes
MB, Little MT, Lazaro LE, Pardee NC, Schottel PC, Helfet DL, et al. Articular
congruity is associated with short-term clinical outcomes
of operatively treated SER
IV ankle fractures. J Bone Joint Surg Am 2013;95(19):1769-75. https://doi.org/10.2106/JBJS.L.00949
20. Verhage SM, Krijnen P, Schipper
IB, Hoogendoorn JM. Persistent postoperative step-off of the posterior malleolus leads
to higher incidence of post-traumatic osteoarthritis in trimalleolar
fractures. Arch Orthop
Trauma Surg 2019;139(3):323-9. https://doi.org/10.1007/s00402-018-3056-0
21. Kang
C, Hwang DS, Lee JK, Won Y, Song JH, Lee GS. Screw fixation of the posterior malleolus fragment in ankle fracture. Foot Ankle Int 2019;40(11):1288-94.
https://doi.org/10.1177/1071100719865895
22. Bargon G. Röntgenmorphologische Gradeinteilung der posttraumatischen Arthrose im oberen Sprunggelenk. Hefte Unfallheilkd 1978;133:28-34.
23. van
den Bekerom MP, Haverkamp D, Kloen P. Biomechanical and clinical evaluation of posterior malleolar fractures: a systematic review of the literature. J Trauma 2009;66(1):279-84. https://doi.org/10.1097/TA.0b013e318187eb16
24. Gardner MJ, Brodsky A, Briggs SM, Nielson JH, Lorich DG. Fixation of posterior malleolar fractures provides greater syndesmotic stability. Clin Orthop Relat Res 2006;447:165-71.
https://doi.org/10.1097/01.blo.0000203489.21206.a9
25. Miller
AN, Carroll EA, Parker RJ, Helfet DL, Lorich
DG. Posterior malleolar stabilization of syndesmotic injuries is equivalent to screw
fixation. Clin
Orthop Relat Res 2010;468(4):1129-35. https://doi.org/10.1007/s11999-009-1111-4
26. Forberger J, Sabandal PV, Dietrich
M, Gralla J, Lattmann T, Platz A. Posterolateral approach to the displaced posterior malleolus:
functional outcome and
local morbidity. Foot
Ankle Int 2009;30(4):309-14.
https://doi.org/10.3113/FAI.2009.0309
27. O’Connor TJ, Mueller B, Ly TV, Jacobson
AR, Nelson ER, Cole PA. “A to P” screw versus posterolateral plate
for posterior malleolus
fixation in trimalleolar ankle fractures. J
Orthop Trauma 2015;29(4):e151-6. https://doi.org/10.1097/BOT.0000000000000230
28. Arrondo GM, Joannas G. Complex ankle fractures: practical approach for
surgical treatment. Foot Ankle Clin 2020;25(4):587-95.
https://doi.org/10.1016/j.fcl.2020.08.002
29. Langenhuijsen JF, Heetveld MJ, Ultee JM, Steller EP, Butzelaar RM. Results of ankle fractures with involvement of the posterior
tibial margin.
J Trauma 2002;53(1):55-60. https://doi.org/10.1097/00005373-200207000-00012
30.
Toth MJ, Yoon RS, Liporace FA, Koval KJ. What’s new in ankle fractures. Injury 2017;48(10):2035-41. https://doi.org/10.1016/j.injury.2017.08.016
31.
Tropp H, Norlin R. Ankle performance after ankle fracture: a randomized study of early mobilization. Foot Ankle Int 1995;16(2):79-83.
https://doi.org/10.1177/107110079501600205.
ORCID de M. A. Goveo: https://orcid.org/0009-0009-4761-6148
ORCID de F. Vago Anaya: https://orcid.org/0000-0001-8589-7782
ORCID de J. I. Peralta: https://orcid.org/0009-0007-6565-045X
ORCID de C. Colombo: https://orcid.org/0000-0002-4891-5440
ORCID
de E. Loncharich: https://orcid.org/0009-0002-1106-3544
Recibido el 29-1-2026. Aceptado luego de la evaluación el 28-4-2026 • Dr. JUAN IGNACIO CROSA • juani.crosa@hotmail.com • https://orcid.org/0000-0003-2373-013X
Cómo citar
este artículo: Crosa JI, Goveo
MA, Vago Anaya
F, Peralta JI, Colombo C, Loncharich E. Fijación
directa con tornillos canulados de las fracturas tipos 2 y 3 de Bartoníček y Rammelt. Rev Asoc Argent Ortop Traumatol 2026;91(3):202-214. https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.3.2302
Información
del artículo
Identificación: https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.3.2302
Fecha
de publicación: Junio, 2026
Conflicto
de intereses: Los autores no declaran conflictos de intereses.
Copyright: © 2026, Revista de la Asociación Argentina de Ortopedia y
Traumatología.
Licencia: Este artículo está bajo una Licencia Creative Commons
Atribución-No Comercial-Compartir Obras Derivadas Igual 4.0 Internacional.
(CC-BY-NC-SA 4.0)