EDITORIAL
La inteligencia artificial
llegó para quedarse.
Ventajas y riesgos
Dr. Néstor H. Natiello
Exmiembro del Tribunal de Ética
de la AAOT
La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa futura: es una realidad cotidiana en la práctica médica. Se integra en historias clínicas electrónicas, sistemas de apoyo diagnóstico y asistentes conversacionales.
La pregunta actual no es si debemos utilizarla, sino cómo hacerlo responsablemente.
En el manejo
de la información, la IA permite procesar volúmenes de datos
que exceden la capacidad
humana. Puede reducir
entre un 20 y un 30% el tiempo de documentación clínica y asistir en decisiones diagnósticas.1
Sin embargo, estos sistemas son
probabilísticos, no infalibles. Pueden generar errores, sesgos y decisiones opacas.
La abundancia informativa exige extremar el control de calidad y la validación de contenidos generados por la IA.
En educación
médica, la IA ofrece simulación de escenarios complejos y personalización del aprendizaje. Puede generar diagnósticos, intervenciones y
evaluaciones que luego el estudiante debe analizar,
corregir y justificar.
Pero, también, introduce un riesgo documentado: la degradación de habilidades cuando la dependencia tecnológica precede al razonamiento autónomo.
Los médicos en entrenamiento podrían depender de la IA antes de desarrollar plenamente sus competencias básicas, dejándolos sin fundamentos sólidos si la tecnología falla y limitando las experiencias formativas necesarias para desarrollar intuición clínica y buen juicio (Figura).
Estos riesgos pueden mitigarse si la IA se utiliza sólo después de haber realizado y registrado las propias observaciones del profesional. Estas “sesiones” deben repetirse de modo sistemático y periódico aun después de
terminado el entrenamiento básico, como hacen los pilotos con los simuladores de vuelo.2
La IA debe utilizarse después del análisis clínico
independiente, no antes.
En la relación con el paciente, la IA modifica
expectativas. Muchos llegan
a la consulta con diagnósticos generados por algoritmos
redactados con seguridad discursiva. Otros llegan con tratamientos sugeridos
por un sistema que no muestra su nivel de evidencia.
Esa seguridad aparente le otorga una autoridad que las personas interpretan como fiable. La coherencia aparente puede imponerse sobre la evidencia.3
El desafío no es competir con la tecnología, sino fortalecer la escucha clínica: el escuchatorio. Cuando el sistema no ofrece tiempo de escucha, el paciente busca respuestas en los algoritmos disponibles 24/7.
La implementación de comunicación oral que permite la intervención
de IA como interlocutor en la
consulta va desarrollándose sin pausa. La IA conversacional promete aliviar la carga administrativa, pero introduce riesgos de
precisión en la interpretación del lenguaje y en el uso secundario de los datos clínicos.4
En el plano ético,
surgen interrogantes cruciales:
- ¿Quién es responsable ante un error asistido por IA?
- ¿Cómo se protege la privacidad?
- ¿Debe incluirse su uso
en el consentimiento informado?5
- ¿Podría considerarse negligencia no utilizar IA si se
convierte en estándar?
CONCLUSIÓN
La conclusión es clara: la IA no reemplaza al médico, pero sí redefine su responsabilidad. Integrarla críticamente, con supervisión humana permanente y regulación adecuada, es el desafío de nuestra generación profesional. El mayor riesgo:
confundir coherencia algorítmica con evidencia científica.
Bibliografía
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5. Borrone
R. Diario La Nación de Argentina, 21 de octubre de 2025.
Dr. Néstor H. Natiello • nnatiello@intamed.net • https://orcid.org/0009-0004-8286-0326
Cómo citar este artículo: Natiello NH.
La inteligencia artificial llegó para quedarse. Ventajas y riesgos. Rev Asoc Argent Ortop Traumatol 2026;91(4):291-292. https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.4.2434
Información del
artículo
Identificación: https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.4.2434
Fecha de
publicación: Agosto, 2026
Copyright: © 2026, Revista de la Asociación Argentina de Ortopedia y Traumatología.
Licencia: Este artículo está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No
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