PRESENTACIÓN DE CASOS
Ganglión pretibial secundario a la reconstrucción del ligamento
cruzado anterior y su tratamiento conservador. Reporte de dos casos
Tania Alvarado Chávez,*
Cecilia Rentería Lascano,** Roy Luna Alvarado,# Raisa
Vélez Albán*
*Servicio de Ortopedia y
Traumatología, Hospital General “Dr. Enrique Ortega Moreira”, Durán, Ecuador
**Servicio de Ortopedia y
Traumatología, Hospital del Día “Mariana de Jesús”, Guayaquil, Ecuador
#Servicio de Ortopedia y
Traumatología, Hospital General del Norte de Guayaquil, Guayaquil, Ecuador
RESUMEN
Se presentan dos casos clínicos de
ganglión pretibial, una complicación posoperatoria infrecuente tras la
reconstrucción artroscópica del ligamento cruzado anterior; en ambos casos, se
recurrió a un injerto de isquiotibiales y a la fijación con tornillos
interferenciales biodegradables. Se analizan la rareza y la etiología
multifactorial de esta complicación, inclusive el material de fijación y la
micromovilidad del injerto. Se exploran las opciones de tratamiento conservador
(punción) y quirúrgico (curetaje y relleno). La cirugía parece más efectiva
para prevenir las recurrencias. La elección del material de fijación se subraya
como un factor preventivo crucial. Conclusión: El manejo debe ser individualizado
y el seguimiento continuo es fundamental.
Palabras clave: Quiste;
ganglión pretibial; ligamento cruzado anterior.
Nivel de Evidencia: IV
Pretibial Ganglion Cyst Secondary to
Anterior Cruciate Ligament Reconstruction and Its Conservative Management: A
Two-Case Report
ABSTRACT
Introduction: We present two cases of pretibial
ganglion cyst, an uncommon postoperative complication after arthroscopic
anterior cruciate ligament (ACL) reconstruction. In both cases, hamstring
autografts and biodegradable interference screws were used for fixation. We
discuss the rarity and multifactorial etiology of this complication, including
fixation material and graft micromotion. Both conservative (aspiration) and
surgical (curettage and bone grafting) treatment options are reviewed; however,
surgery appears to be more effective in preventing recurrence. The choice of
fixation material is highlighted as a key preventive factor. Conclusion: Management
should be individualized, and close follow-up is essential.
Keywords: Cyst; pretibial ganglion; anterior
cruciate ligament.
Level of Evidence: IV
La reconstrucción del
ligamento cruzado anterior (LCA) es uno de los procedimientos más realizados en
la rodilla y que, con la evolución y diversidad de las técnicas y materiales quirúrgicos
disponibles, se ha vuelto una opción más segura y tiene una alta tasa de buenos
resultados, por lo que su empleo se ha ido incrementando. Sin embargo, ninguna
técnica quirúrgica está exenta de complicaciones. Las complicaciones
posoperatorias más habituales por este procedimiento son dolor, hemartrosis,
infección, trombosis venosa profunda, artrofibrosis y neuropatía del safeno,1-4 en
tanto que las menos frecuentes son, entre otras, el ganglión pretibial y la
sinovitis vellonodular.5-13
Se
presenta a dos pacientes que se habían sometido a la reconstrucción
artroscópica del LCA, en distintas instituciones y momentos, y que
desarrollaron un ganglión pretibial como complicación. Como ya se mencionó es
una complicación rara, que puede aparecer incluso varios años después de la
cirugía,14 y se han propuesto múltiples etiologías.15
Mujer de 17 años,
tenista, que había sido sometida a una plastia del LCA derecho mediante un
injerto autólogo (semitendinoso-recto interno), fijado con un tornillo
interferencial biodegradable en el túnel tibial, en junio de 2022 y a un
trasplante meniscal de la rodilla derecha en agosto de 2023. Además, tenía
tendencia a formar queloides.
En
julio de 2024, consultó por una tumefacción cercana a la cicatriz quirúrgica
del túnel tibial que no interfería con su rendimiento deportivo, y negó
traumatismos previos.
En el
examen físico, se observó una tumoración blanda delimitada de aproximadamente
2-3 cm, no dolorosa, sin signos inflamatorios, cicatrices queloides correspondientes
a portales artroscópicos de cirugías previas por las que recibía tratamiento
dermatológico (Figura 1). Las imágenes de la
resonancia magnética mostraron la integridad del injerto y el túnel tibial, sin
signos de infección local (Figura 2).
Se le
propuso la resección quirúrgica y la biopsia del ganglión, pero indicó que no
deseaba una nueva intervención, ya que había tenido dos cirugías en los últimos
dos años. Con su consentimiento, se decidió realizar una punción del ganglión
pretibial guiada por ecografía, en la consulta externa, bajo normas de
esterilidad (Figura 3). Se obtuvo un líquido
claro y viscoso (Figura 4). Posteriormente
se colocó un vendaje compresivo elástico que debía mantenerse 23 h por día y se
le indicaron pautas de alarma.
En el
control a los dos meses del procedimiento, la tumefacción había disminuido de
manera notable (Figura 5).
La
paciente acudió a un nuevo control al cumplirse un año del tratamiento, e
indicó que no había asistido a más controles dados la mejoría sintomática y el
retorno total a su práctica deportiva. En el examen físico, no se detectaron
hallazgos relevantes (Figura 6). Durante la
consulta, se realizó una exploración ecográfica en la zona anteromedial de la
tibia proximal y se observó una pequeña imagen hipoecoica, colapsable, que se
identificó como la cápsula del ganglión pretibial; también, se evaluó el
menisco medial injertado y se detectaron hallazgos patológicos (Figura 7).
CASO CLÍNICO 2
Hombre de 41 años,
trabajador de una empresa eléctrica. En 2017, se había sometido a una
reconstrucción artroscópica del LCA bajo técnica de doble banda
(semitendinoso-recto interno), fijado con un tornillo interferencial
biodegradable en el túnel tibial, en la rodilla derecha.
A la
semana de la cirugía, le apareció una tumoración blanda en la región
anteromedial y proximal de la tibia derecha. Una resonancia magnética y una
ecografía confirmaron la presencia de una lesión de tipo quística en relación
con el orificio de salida del túnel tibial (Figuras
8 y 9). Se decidió realizar una punción y un drenaje en el área
preoperatoria, bajo visión guiada por ecografía, mediante técnica estéril, y se
obtuvo un líquido claro (Figura 10).
Inmediatamente se colocó un vendaje elástico compresivo en el sitio. Se indicó
su uso 23 h por día, durante 2 meses, seguido de terapia física a los 2 meses
de la intervención. El seguimiento se prolongó un año y no hubo recidivas.
Ambos
pacientes, luego de los procedimientos reconstructivos, tenían una tumoración
blanda a la palpación, localizada en la región anteromedial y proximal
pretibial, de unos 2-3 cm de diámetro, sin signos de infección local o
inestabilidad de la rodilla intervenida.
En el
primer caso (paciente de 17 años), la tumoración se desarrolló aproximadamente
a los dos años de la plastia del LCA. Se le propuso un tratamiento quirúrgico,
pero fue rechazado, ya que se había sometido a dos cirugías, en los últimos dos
años. Por lo tanto, se optó por realizar una punción del ganglión pretibial
guiada por ecografía (de inmediato, disminuyó el tamaño de la tumefacción),
colocar un vendaje e indicar antinflamatorios no esteroides, reposo deportivo y
terapia física. A los dos meses de la punción, se mantenían los resultados
obtenidos en la primera punción, sin recidivas (Figura
5). En el control anual, refirió no tener síntomas y que había reanudado
su actividad deportiva habitual, motivo por el que no había regresado a los
siguientes controles, negó recidivas. En una ecografía, se logró visualizar una
pequeña imagen hipoecoica y colapsable, no dolorosa, que se asoció con el
remanente de la cápsula del ganglión pretibial (Figuras
6 y 7).
En el
segundo caso (hombre de 41 años), se detectó el desarrollo de una tumefacción
pretibial a los pocos días de la cirugía artroscópica. Una resonancia magnética
y una ecografía mostraron una imagen compatible con una tumoración pretibial de
contenido líquido de tipo quística (ganglión). De inmediato, se realizó la
punción de este ganglión pretibial (Figuras 8-10)
y se indicó un vendaje estricto. Comenzó con la terapia física a los dos meses
y se realizaron controles seriados durante un año. No hubo recidiva. El
paciente recuperó la movilidad completa sin dolor y retornó a sus actividades
cotidianas.
La formación de
gangliones pretibiales después de la reconstrucción del LCA es una complicación
relativamente rara, pero importante. Según la revisión de Barbosa y cols.8 estos
quistes pueden manifestarse con una variedad de síntomas, desde una tumefacción
no dolorosa y sin compromiso funcional, hasta la limitación del rango de
movilidad. La incidencia estimada de este cuadro es del 0,28% al 3,9%.8,16,17
La
evidencia actual plantea una etiología multifactorial que puede estar influenciada
por factores individuales, como el material de fijación utilizado, la técnica
quirúrgica y la biología del paciente.8,15,18 Barbosa y cols. describieron que, en alrededor
del 44% de las publicaciones en su revisión (84,56% de los casos), los quistes
pretibiales se habían desarrollado por la presencia de materiales
bioabsorbibles en el túnel tibial (desde tornillos biodegradables hasta
suturas, con el predominio de los tornillos interferenciales de tipo ácido
poli-L-láctico), solo 11 estudios (11,44% de los casos) describen la presencia
de fijaciones no absorbibles. Además, en el 21% de los estudios incluidos, se
asociaban distintas situaciones, como necrosis del tendón, reacción
inflamatoria a suturas, aloinjerto, infección, micromovilidad, etc. En esta misma
revisión, se informó la identificación por resonancia magnética de una
comunicación entre la articulación y el túnel en el 14% de 93 pacientes.8 En
estas publicaciones, no se menciona, en el caso de la comunicación del túnel
con la articulación, cuánto tiempo transcurrió hasta la aparición del quiste.
En dos
metanálisis17,19 que compararon
el uso de tornillos interferenciales bioabsorbibles y metálicos como material
de fijación en la reconstrucción del LCA, no se hallaron diferencias
significativas en la estabilidad lograda en la cirugía ni en la recuperación de
la función articular; sin embargo, ambos estudios comunicaron, con mayor
frecuencia, derrame y ensanchamiento del túnel tibial en el caso del material
bioabsorbible en comparación con los tornillos interferenciales metálicos.
Aunque
el mecanismo de formación de estas lesiones sigue siendo poco claro, se observa
un factor preponderante que es el uso de tornillos interferenciales
biodegradables (en especial del tipo PLLA). Otros autores que realizaron un
seguimiento a largo plazo para evaluar la conducta de los tornillos
biodegradables han señalado que este tipo de tornillos tiene un período de
reabsorción más prolongado de lo esperado, entre 7 y 10 años,18,20 y
sugieren que inducen un proceso inflamatorio como respuesta biológica al cuerpo
extraño, que se establece de forma crónica y esto, a su vez, supone un mayor
riesgo de desarrollar quistes pretibiales.8,14,21
En
menor medida, se ha comunicado este cuadro en presencia de material no
absorbible, asociándolo con una posible micromovilidad del injerto en el túnel
que provoca una reacción similar.8,22
En uno
de los pacientes aquí descrito, el quiste pretibial se desarrolló
aproximadamente a los 2 años de la intervención, mientras que, en el otro, apareció
a los pocos días de la cirugía. La mayoría de los gangliones pretibiales
después de la reconstrucción del LCA aparecieron cerca de los dos años y, más
tardíamente, después de 5-7 años. En el segundo caso, resulta un período corto
para pensar en una reacción inflamatoria asociada al cuerpo extraño, es
factible sospechar de alguna comunicación con el líquido sinovial que haya
facilitado su desarrollo, pese a no observar este hallazgo en los estudios por
imágenes.
En la
mayoría de las publicaciones, los gangliones pretibiales secundarios a la
reconstrucción del LCA han sido manejados con un enfoque quirúrgico, abierto o
artroscópico. Por lo general, se hace referencia a la resección del ganglión y
el curetaje del túnel con retiro de restos de materiales de la cirugía
primaria; es común que se informe la asociación de relleno del túnel con
injerto óseo autólogo, alogénico u osteoconductores, como la hidroxiapatita de
calcio,8,9,14,15,20,23,24 incluso se ha publicado el uso de cemento,25 como
opciones que buscan evitar la recidiva. Entre las revisiones con más cantidad
de casos, se calcula una tasa de recidiva del 3-7,7%,8,15,25 dos
pacientes (de un total de 6) fueron tratados solo con resección y curetaje.
Yacuzzi
y cols., y Munguina y cols. informaron sobre pacientes tratados inicialmente
con la punción de la lesión, sin éxito, y luego fueron sometidos a la
extracción del tornillo, el curetaje y el relleno del túnel, con lo que se
logró la curación.15,25
La
recurrencia de los quistes no está claramente descrita en la bibliografía, ya
que este cuadro es infrecuente (1,88-14,28%).8,15,20 En algunos estudios, se sugiere que, si se
realiza solo el drenaje o la escisión del quiste sin la resección o el curetaje
con injerto óseo, la tasa de recurrencia puede ser alta.25
Las
complicaciones asociadas con los quistes tibiales incluyen el riesgo de
recurrencia, infección y, en raros casos, la necesidad de una revisión
quirúrgica de la reconstrucción. Malhan y cols.26 y Ramsingh y cols.27 destacan la importancia de seleccionar
cuidadosamente los materiales de fijación para minimizar estos riesgos. Yonga y
cols.14
subrayan la necesidad de monitorear a los pacientes a largo plazo.
En los
dos casos presentados, se describe la formación de gangliones pretibiales
después de la reconstrucción del LCA con tornillos interferenciales
biodegradables. Ninguno de los pacientes refirió dolor ni tuvo signos locales
de inflamación adicional a la tumefacción. Ambos, aunque en distintos centros y
momentos, fueron tratados de manera conservadora, con punción y drenaje,
seguidos de la aplicación de un vendaje compresivo elástico y medidas
antinflamatorias. El rechazo de la cirugía por parte de la paciente justificó
la elección de un tratamiento menos invasivo. Por otro lado, el segundo paciente
presentó el ganglión pretibial a la semana de la plastia del LCA y su manejo
conservador resultó efectivo, sin recidivas durante el seguimiento.
No se
han encontrado estudios publicados que detallen un manejo similar para esta
enfermedad, por lo que nos es difícil determinar, con certeza, un porcentaje
real de recurrencias con este manejo. La evidencia con respecto a este enfoque
indica que permite aliviar los síntomas a corto plazo, pero con un mayor riesgo
de recurrencia. Sin embargo, creemos que, en casos seleccionados, el manejo
conservador mediante aspiración percutánea guiada por imágenes puede
representar una alternativa válida que no requiere internaciones y es menos
invasiva, especialmente en pacientes sin un déficit funcional alarmante y con síntomas
localizados o sin indicación clara de cirugía. Otra ventaja es que la ecografía
es más accesible económicamente, lo que la hace una herramienta especialmente
útil en el contexto ambulatorio.
Se dispone de más
evidencia a favor de la intervención quirúrgica como la opción más segura para
tratar definitivamente esta complicación y prevenir recurrencias. Sin embargo,
creemos que, si el paciente no tiene síntomas alarmantes, la punción de la
lesión es una buena opción para el manejo inicial junto a un adecuado
seguimiento, porque, además, tiene las ventajas de no requerir internaciones y
ser económicamente accesible.
La
decisión final debe basarse en una evaluación individualizada de cada paciente.
El seguimiento continuo es esencial para garantizar resultados a largo plazo y
abordar cualquier complicación que pueda surgir. Se necesita más investigación
para establecer las mejores prácticas en su manejo.
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ORCID
de C. Rentería Lascano: https://orcid.org/0000-0002-7233-7169
ORCID
de R. Vélez Albán: https://orcid.org/0000-0002-2401-7339
ORCID
de R. Luna Alvarado: https://orcid.org/0009-0006-3712-6258
Recibido el 6-4-2025. Aceptado luego de la
evaluación el 18-9-2025 • Dra.
TANIA ALVARADO CHÁVEZ • dratanialvarado@hotmail.com • https://orcid.org/0000-0002-2936-6802
Cómo citar este artículo: Alvarado Chávez T,
Rentería Lascano C, Luna Alvarado R, Vélez Albán R. Ganglión pretibial
secundario a la reconstrucción del ligamento cruzado anterior y su tratamiento
conservador. Reporte de dos casos. Rev
Asoc Argent Ortop Traumatol 2026;91(2):165-176. https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.2.2151
Información del artículo
Identificación: https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.2.2151
Fecha
de publicación: Abril, 2026
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© 2026, Revista de la Asociación Argentina de Ortopedia y Traumatología.
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