INVESTIGACIÓN CLÍNICA
Índice
de fragilidad modificado como predictor de complicaciones posoperatorias en
cirugías de infecciones vertebrales piógenas
Guillermo A. Ricciardi,*
Santiago Formaggin,** Ignacio Garfinkel,** Gabriel Carrioli,** Daniel Ricciardi**
*Servicio de
Ortopedia y Traumatología, Hospital General de Agudos “Dr. Teodoro Álvarez”,
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
**Equipo de
Columna, Sanatorio Güemes, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
RESUMEN
Introducción: La infección
vertebral piógena es una enfermedad potencialmente mortal e invalidante, y
tiene indicaciones quirúrgicas precisas. El abordaje quirúrgico exige una
adecuada relación riesgo-beneficio. Nuestro objetivo fue evaluar el índice de
fragilidad modificado como predictor de complicaciones posoperatorias tempranas
en pacientes sometidos a una cirugía por espondilodiscitis
piógena. Materiales
y Métodos: Estudio observacional, analítico y retrospectivo de
pacientes operados por espondilodiscitis piógena
entre 2022 y 2025. Se analizó la asociación entre el índice de fragilidad
modificado y la ocurrencia de complicaciones posoperatorias clasificadas según Clavien-Dindo, junto con variables clínicas,
microbiológicas y quirúrgicas. Resultados: El 54,5% de los pacientes sufrió
complicaciones graves y la tasa de mortalidad fue del 13,6%. El análisis
bivariado mostró una asociación significativa entre complicaciones graves y
sexo masculino, diabetes, localización cervical, déficit neurológico e hipoalbuminemia.
Aunque el índice de fragilidad modificado ≥0,27 no alcanzó significación como
variable categórica (p
= 0,082), su análisis como variable
continua reveló un valor significativamente mayor en el grupo con
complicaciones graves (p = 0,006). Conclusión: La fragilidad preoperatoria,
evaluada mediante el índice de fragilidad modificado como variable continua, se
asoció significativamente con complicaciones graves posoperatorias.
Palabras clave: Espondilodiscitis piógenas; infecciones vertebrales; fragilidad; índice de
fragilidad modificado.
Nivel de Evidencia: III
Modified Frailty
Index as a Predictor of Postoperative
Complications in Surgery for Pyogenic Spinal
Infections
ABSTRACT
Introduction:
Pyogenic vertebral infection is a potentially deadly and disabling condition with specific surgical indications. Surgical management of this pathology requires a precise risk-benefit assessment. Our objective was
to evaluate the modified frailty
index (mFI-11) as a predictor of early
postoperative complications
in patients undergoing surgery for pyogenic
spondylodiscitis. Materials and Methods: We conducted an observational,
analytical, and retrospective study
of patients who underwent surgery for pyogenic spondylodiscitis
between 2022 and 2025. The association
between mFI-11 and the incidence of postoperative complications (classified by Clavien-Dindo), as well as clinical, microbiological, and surgical
variables, was analyzed. Results: Serious
complications were recorded in 54.5% of patients, with a mortality rate of 13.6%. Bivariate analysis showed significant associations between serious complications and male sex, diabetes, cervical location, neurological deficit, and hypoalbuminemia. Although mFI-11 ≥0.27 did not reach statistical
significance as a categorical
variable (p=0.082), its analysis
as a continuous variable revealed
a significantly higher value in the group
with serious complications (p=0.006). Conclusion: Preoperative
frailty, assessed by the mFI-11 as a continuous variable, was significantly associated with severe postoperative complications.
Keywords: Pyogenic
spondylodiscitis; spinal infections; frailty; modified frailty index.
Level of Evidence: III
Las infecciones
vertebrales piógenas comprenden un conjunto de cuadros clínicos que pueden
comprometer el raquis, inclusive el disco intervertebral, el cuerpo vertebral,
el espacio epidural, los músculos paravertebrales, el psoas y las facetas
articulares.1 El término espondilodiscitis
se utiliza para describir infecciones que afectan tanto al disco como al cuerpo
vertebral. Representa entre el 3 y el 5% de todas las osteomielitis y su
incidencia varía entre 1:100.000 y 1:250.000 habitantes en países desarrollados.2
Se trata de una
enfermedad potencialmente mortal que plantea el riesgo de compromiso
neurológico y secuelas graves. En este contexto, el diagnóstico oportuno y el
tratamiento antibiótico dirigido son las medidas fundamentales para lograr el
éxito terapéutico. El tratamiento quirúrgico, por su parte, constituye una
alternativa con indicaciones precisas que incluyen el compromiso neurológico,
la inestabilidad hemodinámica secundaria a la sepsis, la deformidad local, la
inestabilidad mecánica, el fracaso del tratamiento conservador y la presencia
de un absceso epidural compresivo.3-5
Ante la necesidad de una
cirugía vertebral, el contexto clínico puede influir en el momento y la
estrategia quirúrgicos, dado que la espondilodiscitis
es más frecuente en pacientes con enfermedades crónicas y factores de riesgo,
como diabetes, cardiopatía, uso de drogas intravenosas, insuficiencia renal,
diálisis crónica y cáncer.1,2,6-8 Así como también, los adultos mayores representan
un grupo de particular vulnerabilidad.1-3 Por ello, la indicación quirúrgica exige un
análisis cuidadoso de la relación riesgo-beneficio, en busca de un tratamiento
eficaz y, al mismo tiempo, seguro para el paciente.
La fragilidad es un
síndrome caracterizado por la disminución de la reserva fisiológica relacionada
con la edad y la reducción de la resiliencia frente a estresores, lo que
conlleva desenlaces adversos en la salud.9 En la actualidad, la fragilidad ha cobrado
relevancia como predictor de complicaciones en la cirugía de columna,
especialmente en procedimientos por deformidad vertebral del adulto y en casos
de metástasis vertebrales con indicación quirúrgica.9-12
A pesar de su
importancia, aún persisten las controversias en cuanto a su definición clínica
y, en particular, sobre cómo estimarla. El índice modificado de fragilidad (modified Frailty Index, mFI) descrito por
Velanovich y cols. es una de las herramientas más empleadas,10 y un
buen factor predictivo de complicaciones en la cirugía por tumores vertebrales.11,12 Sin
embargo, existen escasos reportes específicos en el contexto de infecciones
vertebrales piógenas.13 Vettivel
y cols. publicaron una serie de 76 casos de espondilodiscitis
piógena, con 30 pacientes operados, en la cual, aunque el mFI
se correlacionó con la mortalidad a 30 días en el análisis bivariado, no fue un
predictor significativo en el análisis multivariado.13
El objetivo de este
estudio fue evaluar el mFI como predictor de
complicaciones posoperatorias tempranas en pacientes operados por infecciones
vertebrales piógenas.
Se realizó un estudio
observacional, analítico y retrospectivo de una cohorte de pacientes con
diagnóstico de espondilodiscitis piógena operados
entre el 1 de abril de 2022 y el 1 de abril de 2025, por un único equipo
quirúrgico y en un centro de atención terciaria de alta complejidad de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Se obtuvo una muestra, no
probabilística, intencional, de todos los pacientes sometidos a cirugía por espondilodiscitis piógena. Se incluyó a pacientes >18
años con diagnóstico de espondilodiscitis piógena
según los criterios propuestos por las guías clínicas de la Infectious Diseases Society
of America (IDSA, 2015), que recomiendan integrar hallazgos clínicos,
radiológicos y microbiológicos.14 Se confirmó el diagnóstico cuando el paciente
tenía dolor axial acompañado de hallazgos compatibles en las imágenes por
resonancia magnética y, al menos, un cultivo positivo (hemocultivo, aspirado
percutáneo o muestra intraoperatoria), o bien una evolución clínica favorable
bajo un tratamiento antibiótico empírico, sin otro foco infeccioso
identificado. Como criterio imagenológico, se consideraron característicos la
hiperintensidad del disco en secuencia T2 y el realce tras la administración de
gadolinio en cuerpos vertebrales adyacentes y el disco intervertebral.1-3,14
Además, se contempló como
criterio de inclusión el tratamiento quirúrgico de la infección vertebral con
intención terapéutica (descompresión, estabilización o ambos) y el seguimiento
clínico posoperatorio mínimo de 30 días.
La indicación de cirugía
fue establecida con criterio clínico-asistencial por el equipo quirúrgico de
nuestra institución, en concordancia con indicaciones formalmente documentadas
en la bibliografía. Se indicó cirugía ante la presencia de compromiso neurológico,
progresión clínica o radiológica de la enfermedad, o recurrencia a pesar de una
terapia antimicrobiana adecuada. Asimismo, se consideró si había inestabilidad
mecánica real o potencial, definida por hallazgos radiológicos, como colapso
vertebral >50%, traslación evidente o cifosis segmentaria >25°.15
Se excluyó a los
pacientes con absceso primario de psoas o paravertebral sin compromiso del
raquis, aquellos sometidos a procedimientos con intención exclusivamente
diagnóstica (biopsia abierta) o con discitis posdiscectomía/infección del sitio quirúrgico.
Se extrajo información de
las historias clínicas sobre las siguientes variables de estudio: la variable
dependiente principal fue la presencia de complicaciones posoperatorias,
definidas como eventos adversos clasificados según la escala de Clavien-Dindo en grado ≥II dentro de los 90 días
posteriores a la cirugía. Las transfusiones sanguíneas aisladas (grado II) no
fueron consideradas complicaciones en este análisis. Los pacientes con
múltiples eventos fueron clasificados según la complicación documentada de
mayor grado. En la Tabla 1, se describe la
clasificación de Clavien-Dindo validada para
complicaciones en la cirugía de columna.16 Asimismo, se evaluaron las siguientes medidas de
resultado: días de internación, leucocitos y reactantes de fase aguda en el
momento del alta, consolidación o fusión del segmento involucrado en el último
control disponible (según la radiografía o tomografía computarizada) y
evolución del estado neurológico.
Como variable
independiente primaria se documentó el mFI-11 que incluye 11 variables
descritas en la Tabla
2.9 Se consideró como punto de corte un valor ≥0,27,
según los resultados de estudios previos sobre riesgo de complicaciones en la
cirugía espinal.10
Se registraron otras
variables con potencial valor predictivo para complicaciones posoperatorias: 1)
clínico-demográficas: edad (años), sexo (masculino/femenino), estado
nutricional (valor de albúmina sérica), inmunocompromiso
(inmunosupresión farmacológica, enfermedad neoplásica activa, infección por el
virus de la inmunodeficiencia humana), índice de comorbilidades de Charlson
(cuantifica la carga de comorbilidades de un paciente), puntaje de la ASA (American Society
of Anesthesiologists);17,18 2)
microbiológicas: tipo de germen aislado, presencia de gérmenes
multirresistentes (resistencia a 3 o más grupos de antibióticos), tratamiento
empírico instaurado y duración del esquema antibiótico; 3) características de
la infección vertebral: número de focos comprometidos (único vs. múltiples),
presencia de absceso epidural o paravertebral en los estudios por imágenes,
nivel anatómico comprometido (cervical, torácico, lumbar), presencia y tipo de
déficit neurológico según la clasificación de la American Spinal Injury
Association (completo/incompleto), tiempo de
evolución del déficit, en horas; presencia de inestabilidad mecánica (colapso
vertebral >50%, cifosis >25°, traslación evidente), recurrencia o
progresión clínica/radiológica bajo tratamiento antibiótico, tipos de la
clasificación de Pola;15 4) quirúrgicas: tipo de cirugía realizada
(descompresión aislada, o instrumentada), abordaje quirúrgico (anterior,
posterior o combinado), número de vértebras instrumentadas, duración de la
cirugía (minutos), uso de implantes con revestimiento (nanoplata);
5) de laboratorio preoperatorio: hemoglobina, albúmina, leucocitos totales
(×10G/mmG), plaquetas, coagulopatía (definida como
Relación Internacional Normalizada >1,5 o tiempo de tromboplastina parcial
activada prolongado), proteína C reactiva, velocidad de sedimentación globular;
6) soporte vital preoperatorio: requerimiento de ventilación mecánica o drogas
vasoactivas (inotrópicos) en las 24 h anteriores a la cirugía.
Las variables categóricas
se expresan como frecuencias absolutas y relativas (n y %) y se compararon
mediante la prueba 2 o la prueba exacta de Fisher, según correspondiera. Las
variables cuantitativas se analizaron en función de su distribución, evaluada
mediante la prueba de normalidad de Shapiro-Wilk. Aquellas con distribución
normal se expresaron como media y desviación estándar (DE), y se compararon
mediante la prueba de la t de Student para muestras independientes. Las
variables con distribución no normal se expresan como mediana y rango
intercuartílico (RIC) y se compararon mediante la prueba de la U de
Mann-Whitney. Se consideró estadísticamente significativo un valor p <0,05.
El análisis se llevó a cabo con el programa IBM SPSS Statistics
(versión 25).
Se documentaron 22
pacientes operados por espondilodiscitis piógena, la
edad promedio era de 62.36 años (DE
± 10,918; rango 32-81),
13 (59,1%) eran hombres y 9 (40,9%), mujeres. Todos tenían, al menos, una
comorbilidad, la mediana del índice de Charlson era 4 puntos (RIC 2,75-5,25).
La mayoría era ASA III o IV (n = 20; 90,9%). Predominaban los pacientes con diabetes
(n = 15; 68,2%) (Tabla 3).
El
germen más frecuente fue Staphylococcus aureus (n =
11; 50%), seguido de Pseudomonas aeruginosa (n = 4; 18,1%) y Escherichia coli (n = 2; 9%); un solo paciente
sufría una infección por gérmenes múltiples (P. aeruginosa
+ K. pneumoniae)
(Figura 1).
Cuatro (18,2%) pacientes
tenían cepas multirresistentes. Se indicó predominantemente un tratamiento
antibiótico empírico (n = 19; 86,4%), con posterior rotación del esquema según
la etiología. La mediana del tiempo de tratamiento antibiótico fue de 8 semanas
(RIC 8-12). En un solo paciente, no se aisló el germen. En cuatro (18,2%), se
aisló en la muestra por punción guiada por tomografía computarizada. Solo nueve
(40,9%) habían sido sometidos a una punción previa guiada por tomografía
computarizada, con un rendimiento del 44,4%. Los cultivos quirúrgicos fueron
positivos en 10 casos (45,5%); los hemocultivos, en 12 (54,5%) casos y, en dos
(9,1%) pacientes, se aisló el germen de muestras obtenidas durante el
desbridamiento del procedimiento original.
Predominaron las espondilodiscitis torácicas (n = 11; 50%), seguidas de las
lumbares (n = 7; 31,8%) y las cervicales (n = 4; 18,2%). La infección
comprometía predominantemente un único segmento vertebral (n = 17; 77,3%). Se
observó una asociación con un absceso epidural secundario en 19 pacientes
(86,4%), un absceso paravertebral en 14 (63,6%) y del psoas en cuatro (18,2%).
Más de la mitad sufría un déficit neurológico (n = 15; 68,1%), seis (27,3%)
eran completos y nueve (40,9%), incompletos. En la mayoría de los casos
(85,7%), el tiempo de evolución era >72 h al operarse (mediana 13.5 días;
RIC 7-33,25). En 15 pacientes (68,2%), se identificaron criterios de
inestabilidad mecánica y, en 4 casos (18,2%), se indicó la cirugía tras el
fracaso del tratamiento conservador inicial con antibióticos. Según la
clasificación de Pola, el tipo más frecuente fue el C (n = 18; 81,8%). En la Figura 2, se muestra la distribución de los casos
según la clasificación de Pola.
Al ingresar, solo un
paciente tenía una temperatura axilar >38 °C (mediana 36,2 °C; RIC
36,0-37,1). La mayoría tenía anemia (n = 17; 77,3%) y 10 (45,5%), alteración de
la función renal. Asimismo, 13 (59,1%) tenían valores de albúmina compatibles
con desnutrición. Menos de la mitad tenía leucocitosis inicial (n = 10; 45,5%).
Por el contrario, en todos, los reactantes de fase aguda estaban altos. Ninguno
requirió drogas vasoactivas ni asistencia respiratoria mecánica antes de la
cirugía. Las variables clínicas y de laboratorio se detallan en la Tabla 3.
Diecinueve de 22
pacientes operados (86,4%) fueron sometidos a una descompresión asociada a una
artrodesis y tres (13,6%), a una descompresión aislada con drenaje y
desbridamiento quirúrgico. En la mayoría, se usó un abordaje único convencional
posterior (n = 17; 77,3%). En cuatro casos (18,2%) con compromiso cervical, se
optó por un abordaje anterior exclusivo con corpectomía,
y un paciente (4,5%) con afectación de la charnela lumbosacra fue tratado
mediante un abordaje combinado. En cuatro de los 19 casos (21%) de artrodesis
instrumentadas, se utilizó un implante con revestimiento en nanoplata.
Las indicaciones quirúrgicas se detallan en la Figura
3, se destaca que varios pacientes tenían más de un criterio que
justificaba la intervención. La mediana del número de niveles instrumentados
fue de 5 (RIC 3-7). El tiempo promedio de duración de la cirugía fue de 152.14
min (DE ± 56.5).
Se registraron 40
complicaciones en 22 pacientes, distribuidas y clasificadas según su gravedad
conforme a la escala de Clavien-Dindo (Tabla 4).
Durante el período
posoperatorio, 12 pacientes (57,1%) sufrieron, al menos, una complicación de
grado III o superior. Al incluir también las complicaciones leves (grado II o
menor), 18 pacientes (81,8%) tuvieron algún tipo de evento adverso. Las
complicaciones graves más frecuentes fueron: shock séptico (n = 3; 13,6%),
infección persistente con necesidad de desbridamiento quirúrgico (n = 3; 13,6%)
e insuficiencia cardíaca (n = 3; 13,6%). Le siguieron en frecuencia la neumonía
(n = 2; 9,1%), las complicaciones asociadas al implante, con un caso de
aflojamiento y otro de falla mecánica (n = 2; 9,1%), y la diarrea asociada a Clostridium difficile (n
= 2; 9,1%).
Al comparar la presencia
de complicaciones según el mFI-11, nueve pacientes tenían un estado de
fragilidad elevado con un valor >0,27 (es decir, con 3 o más factores de
fragilidad positivos). La mediana del mFI-11 fue de 0,18 (fragilidad moderada)
con un RIC de entre 0,09 y 0,27. La presencia de complicaciones posoperatorias
graves (Clavien-Dindo grado ≥III) tuvo una asociación
estadísticamente significativa con el sexo masculino (83,3% vs. 30%; p =
0,027), la presencia de diabetes (58,3% vs. 40%; p = 0,020), el compromiso
cervical (33,3% vs. 0%; p = 0,016), el déficit neurológico al ingresar (91,7%
vs. 30%; p = 0,005) y los niveles de albúmina sérica <3,2 mg/dl (83,3% vs.
33,3%; p = 0,029). Asimismo, se identificó una tendencia no significativa hacia
una mayor carga de comorbilidades (mediana de Charlson: 4,5 vs. 3; p = 0,093).
La fragilidad
preoperatoria como variable categórica (mFI-11 ≥0,27: 58,3% vs. 20%; p = 0,082)
se asoció con complicaciones graves, sin significancia estadística. Sin
embargo, al analizar la distribución del mFI-11 como variable numérica no
paramétrica con la prueba de la U de Mann-Whitney, se observó una mediana
significativamente mayor de este índice en el grupo de complicaciones graves
[0,27 (RIC 0,18-0,33) vs. 0,09 (RIC 0,00-0,20); p = 0,006] (Figura 4).
No se hallaron
diferencias significativas en cuanto a la edad, el tipo de cirugía, la
presencia de abscesos, el aislamiento microbiológico o el recuento leucocitario
preoperatorio. La mediana de días de internación fue de 55 (RIC 37-75), la de
días en terapia intensiva de 3.5 (RIC 2-14) y la de seguimiento clínico 246.5
(RIC 102-726). No se observaron diferencias significativas en el tiempo de
seguimiento según la presencia o ausencia de complicaciones graves (291 vs.
226,5 días; p = 0,923). Sin embargo, los pacientes que sufrieron complicaciones
graves requirieron una mediana significativamente mayor de días en terapia
intensiva (6 vs. 2 días; p = 0,009) y una mayor mediana de días de internación
total, con significancia marginal (57,5 vs. 40 días; p = 0,050). Por otro lado,
no hubo una asociación entre los tiempos de internación general y en terapia
intensiva con el grado de fragilidad preoperatoria.
La tasa de mortalidad fue
del 13,6% (n = 3). De los pacientes restantes, se constató la fusión del
segmento a los 90 días en el 52,6% de los casos (10 de 19 pacientes) (Figura 5). Durante la internación, los marcadores
inflamatorios disminuyeron de manera significativa. La mediana del recuento
leucocitario descendió de 10.640/mmG (RIC
8037-13.332) al ingresar, a 6986/mmG (RIC
5130-11.741) al recibir el alta (p = 0,04). De manera similar, la velocidad de
sedimentación globular disminuyó de 78,5 mm/h (RIC 43,7-96,7) a 32,5 mm/h (RIC
21,7-53,7) (p = 0,013), y la proteína C reactiva bajó de una mediana de 89,9
mg/l (RIC 23,2-160) a 10,2 mg/l (RIC 4,1-56,7) (p = 0,005). Se documentó una
recuperación neurológica en, al menos, un grado de la escala ordinal de la ASIA
en 9 de 15 pacientes (60%) (Figura 6).
La espondilodiscitis
piógena es una enfermedad grave y potencialmente devastadora que afecta
predominantemente a poblaciones vulnerables, en las que se han identificado
diversos factores de riesgo, como el uso de drogas intravenosas, la
inmunosupresión y la fragilidad clínica. La tasa de mortalidad puede alcanzar
hasta el 20% en algunas series publicadas.19 En nuestra cohorte, documentamos una serie de
pacientes operados, y quienes tenían fragilidad severa representaron una
proporción considerable, caracterizados por elevada carga de comorbilidades,
alta tasa de complicaciones graves (54,5%) y mortalidad temprana (13,6%).
La morbimortalidad
asociada a esta entidad se vincula, en parte, al compromiso neurológico
secundario, a la invasión del espacio epidural, así como en los casos con daño
estructural severo que conduce a inestabilidad mecánica.1,2,5 Nuestra
muestra incluyó mayoritariamente pacientes con enfermedad avanzada: más de la
mitad tenía déficit neurológico al ingresar (n = 15; 68,1%) y el 85,7% había
sido operado luego de más de 72 h de evolución. Además, 15 pacientes (68,2%)
cumplieron criterios de inestabilidad mecánica. La presencia de complicaciones
graves se asoció, de forma significativa, con el daño neurológico preoperatorio
(p = 0,005).
Si bien la indicación
quirúrgica en la espondilodiscitis continúa siendo
motivo de debate en ciertos aspectos, existe consenso en la bibliografía
respecto de su rol fundamental en escenarios de inestabilidad, compresión
neurológica o fracaso del tratamiento antibiótico. Esta realidad impone la
necesidad de una evaluación del riesgo-beneficio criteriosa cuando se define la
oportunidad quirúrgica. En este contexto, se han publicado estudios que
intentan identificar factores predictivos de complicaciones posoperatorias.20-23 Asimismo,
se han desarrollado distintos sistemas de puntajes para predecir complicaciones
en este grupo de pacientes, aunque con capacidad predictiva limitada.24 Bazán
y cols. proponen, en el escenario de los abscesos epidurales, una clasificación
morfológica que permite orientar su planificación terapéutica.25
En una serie de 143
pacientes operados, Ukon y cols. identificaron los siguientes factores
asociados a complicaciones graves: índice de comorbilidad de Charlson elevado,
enfermedad pulmonar crónica, diabetes, bacterias gramnegativas, osteoartritis
piógena, leucocitosis y trombocitopenia preoperatoria.20,21 Pola
y cols., en una cohorte de 207 pacientes (47 operados), reportaron como
factores pronósticos negativos el hemocultivo negativo, el déficit neurológico
al diagnóstico y la endocarditis subyacente.22 Por su parte, Camino-Willhuber
y cols. analizaron 627 pacientes operados por espondilodiscitis
piógena utilizando la base nacional del American
College of Surgeons’ National
Surgical Quality Improvement Program (ACS-NSQIP),
una fuente multicéntrica validada para el estudio de resultados quirúrgicos.23 Comunicaron
una tasa de complicaciones del 14,6%; una de reingresos del 9,4% y una de
reintervenciones del 6,2%. Las complicaciones más frecuentes fueron: infección
de la herida, neumonía, shock séptico y muerte (1,8%). La hipoalbuminemia y la
necesidad de diálisis se asociaron con una mayor morbimortalidad
perioperatoria.
En línea con los
hallazgos previos, en nuestra muestra, hubo asociaciones estadísticamente
significativas entre las complicaciones graves y el sexo masculino (83,3% vs.
30%; p = 0,027), la presencia de diabetes (58,3% vs. 40%; p = 0,020), la
localización cervical (33,3% vs. 0%; p = 0,016), el déficit neurológico
preoperatorio (91,7% vs. 30%; p = 0,005) y la hipoalbuminemia (<3,2 mg/dl;
83,3% vs. 33,3%; p = 0,029). Asimismo, se identificó una tendencia no
significativa hacia una mayor carga de comorbilidades en el grupo de
complicaciones graves (mediana de Charlson: 4,5 vs. 3; p = 0,093).
Numerosos estudios han
destacado la fragilidad preoperatoria como predictor de complicaciones y muerte
en pacientes con enfermedad espinal, especialmente en contextos, como
metástasis vertebrales, deformidades o enfermedades degenerativas. Sin embargo,
su análisis ha sido limitado en las infecciones espinales.13 En
nuestra serie, la fragilidad preoperatoria tuvo una asociación relevante con
complicaciones graves. Aunque el análisis categórico del mFI-11 (≥0,27)
evidenció solo una tendencia no significativa (58,3% vs. 20%; p = 0,082), al
evaluarse como variable continua, los pacientes con complicaciones graves
presentaron una mediana del mFI-11 considerablemente mayor, con una diferencia
estadísticamente significativa. Este hallazgo sugiere que la fragilidad,
evaluada cuantitativamente, podría constituir un marcador pronóstico útil para
anticipar eventos adversos posoperatorios en esta población.
Nuestros hallazgos, en
consonancia con la bibliografía disponible, sugieren que hay factores de riesgo
específicos que podrían ayudar a identificar pacientes con un riesgo más alto
de sufrir complicaciones graves. En futuros estudios, se deberá evaluar si el
desarrollo de nuevas tecnologías, como los abordajes mínimamente invasivos o
percutáneos, podría reducir el trauma quirúrgico y, en consecuencia, la tasa de
complicaciones en este complejo escenario.26-28
Este estudio presenta
limitaciones inherentes a su diseño retrospectivo y al tamaño muestral
reducido. No obstante, aporta resultados significativos en el análisis de la
fragilidad como factor de riesgo en el tratamiento quirúrgico de la espondilodiscitis piógena, un aspecto poco explorado hasta
la fecha, en el campo de las infecciones espinales en adultos.
En pacientes con espondilodiscitis piógena sometidos a cirugía, la
fragilidad preoperatoria se asoció significativamente con una mayor tasa de
complicaciones graves, especialmente al analizarse como variable continua.
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de una evaluación integral del paciente
que incluya escalas de fragilidad para optimizar la selección y el momento
quirúrgico en este grupo vulnerable.
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ORCID
de S. Formaggin: https://orcid.org/0000-0002-7103-2937
ORCID
de I. Garfinkel: https://orcid.org/0000-0001-9557-0740
ORCID
de G. Carrioli: https://orcid.org/0000-0003-4160-9712
ORCID
de D. Ricciardi: https://orcid.org/0009-0002-1586-4904
Recibido el 9-10-2025. Aceptado luego de la
evaluación el 10-3-2026 • Dr. GUILLERMO A. RICCIARDI • guillermoricciardi@gmail.com • https://orcid.org/0000-0002-6959-9301
Cómo citar este artículo: Ricciardi GA, Formaggin S, Garfinkel I, Carrioli
G, Ricciardi D. Índice de fragilidad modificado como predictor de
complicaciones posoperatorias en cirugías de infecciones vertebrales piógenas. Rev Asoc Argent Ortop Traumatol 2026;91(2):138-150.
https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.2.2232
Información del artículo
Identificación: https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.2.2232
Fecha
de publicación: Abril, 2026
Conflicto
de intereses: Los autores no declaran
conflictos de intereses.
Copyright: © 2026, Revista de la Asociación Argentina de Ortopedia y
Traumatología.
Licencia: Este artículo está bajo una Licencia Creative Commons
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