INVESTIGACIÓN CLÍNICA
Reparación
anatómica del bíceps distal por un abordaje anterior sin el uso de implantes:
resultados clínicos y funcionales
Ignacio Seré, Santiago Llumipanta, Juan Carrizo, Natalia Villa, Marcos Deimundo,
Enrique Gobbi
Servicio de Ortopedia y Traumatología,
Hospital Universitario CEMIC, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
RESUMEN
Introducción: Existen
múltiples enfoques quirúrgicos para abordar las lesiones del bíceps distal, con
diferentes tasas de éxito y complicaciones asociadas. En este artículo, se
describe una técnica quirúrgica sin implantes para la reinserción anatómica del
bíceps distal a través de una incisión anterior, y se comunican los resultados
clínicos y funcionales. Materiales y Métodos: Se evaluó
retrospectivamente a 11 pacientes sometidos a esta técnica quirúrgica para la
reparación de lesiones del bíceps distal. Todos eran hombres y la edad promedio
era de 43.8 años. Se recopilaron parámetros demográficos, y los resultados
clínicos y funcionales a más de un año de la cirugía. Resultados: En la evaluación
final, no se observaron déficits de movilidad. Todos los pacientes reanudaron
sus tareas laborales y deportivas como antes de la lesión. El puntaje promedio
de dolor residual en actividad, según la escala analógica visual, fue de 0,22.
El puntaje QuickDASH promedio después de un año de la
operación fue de 6,38. Se produjeron 3 complicaciones: 2 neuropraxias
transitorias del antebraquial cutáneo externo y una infección de la herida
quirúrgica. Conclusiones:
Nuestros resultados con esta técnica quirúrgica para la reparación
de lesiones del bíceps distal son comparables con los obtenidos usando técnicas
con implantes. La recuperación fue satisfactoria en todos los casos, con una
tasa de complicaciones aceptable. Esta técnica podría representar una
alternativa viable a otros enfoques quirúrgicos más complejos.
Palabras clave: Lesión;
bíceps distal; abordaje anterior; sutura transósea.
Nivel de Evidencia: IV
Results of Anatomical
Repair of the Distal Biceps via an
Implant-Free Anterior Approach
ABSTRACT
Introduction:
There are numerous approaches
for treating distal biceps injuries, each with varying success
rates and associated complications. We describe an implant-free technique for anatomical
reinsertion of the distal biceps through an anterior incision and report the clinical
and functional outcomes. Materials and Methods: A retrospective review
was conducted of 11 patients who underwent
this surgical technique for the
repair of their distal biceps injuries. The mean age was 43.8 years, and all patients were
male. Demographic data were
collected, as well as clinical and functional outcomes more than one year after surgery. Results: At
the final assessment, no mobility deficits were found. All
patients returned to their pre-injury
work and sports activities. The mean residual pain
score on the Visual Analog Scale was 0.22. The average QuickDASH score one year after surgery was 6.38. There were 3 cases with complications: 2 transient neuropraxias of the lateral antebrachial cutaneous nerve and one surgical wound
infection. Conclusions: Our results with
this technique for repairing distal biceps injuries are comparable to
those obtained using implant-based techniques. Recovery was satisfactory in all cases, with a low complication rate. This technique
may represent a viable
alternative to other, more complex surgical approaches.
Keywords: Distal biceps injury;
anterior approach; transoseous
suture.
Level of Evidence: IV
La avulsión del tendón
bicipital distal de su tuberosidad en el radio proximal es infrecuente (1,2-2,5
personas/100.000 por año); en general, se produce por contrarrestar una brusca
carga con el antebrazo en flexión y supinación, como ocurre durante el levantamiento
de pesas, o al frenar la caída de un objeto pesado. El tratamiento incruento
resulta en una pérdida de fuerza de supinación del 22-50% y de fuerza de
flexión del 12-40%.1,2 Si bien persiste cierta controversia sobre la
necesidad de reparación de la avulsión del bíceps distal aguda, la reparación
quirúrgica ha logrado mejores resultados en la fuerza, la resistencia y la
estética que el tratamiento no quirúrgico.1,2 En la actualidad, hay numerosas técnicas
quirúrgicas para la reinserción de la avulsión del tendón distal del bíceps
braquial, se puede reanclar a la tuberosidad con
sistemas Endobutton® (fijación cortical con un botón
de titanio), tornillos interferenciales especialmente diseñados, arpones o
suturas transóseas. El sistema más utilizado es el de
Endobutton® complementado con un tornillo
interferencial. Un aspecto importante de la inserción del tendón nativo del
bíceps es su ubicación cubital y posterior en su tuberosidad radial, que brinda
una completa supinación al antebrazo mediante su contracción, al aprovechar el
efecto de leva de la tuberosidad radial que, al sobresalir del eje central del
radio, aleja el tendón del bíceps del centro de rotación del radio, aumentando
su momento de fuerza.3,4 Clásicamente, el abordaje anterior permite la
fijación del tendón en la cara anterior de la tuberosidad radial, como al
utilizar el sistema Endobutton® o arpones,
disminuyendo su capacidad supinatoria. Por el
contrario, el doble abordaje de Boyd consigue una inserción posterior, puede
interferir con la pronación, además de desaprovechar también el efecto de leva,
ya que se ha demostrado que, desde una inserción posterior, durante la
contracción del bíceps, el tendón migra hacia proximal de la tuberosidad, y
pierde el efecto de leva.3-5
La técnica de sutura transósea por un abordaje anterior que utilizamos en esta
casuística permite imitar la inserción nativa del bíceps mediante una incisión
anterior única, maximizando la superficie de contacto entre el tendón y el
radio, y restituyendo la función de leva de la tuberosidad bicipital (Figura 1). Esto se logra con puntos transóseos, sin implantes ni anclajes, y con un impacto
mínimo en la integridad estructural de la tuberosidad radial.6,7
Los objetivos de este
estudio fueron describir la técnica quirúrgica y evaluar los resultados
clínicos y funcionales a más de un año de la operación.
Se revisaron
retrospectivamente las historias clínicas de 14 pacientes que se habían
sometido a reparaciones del tendón distal del bíceps entre febrero de 2021 y
agosto de 2024, y tenían un seguimiento posoperatorio mínimo de 12 meses. Tres
pacientes se perdieron durante el seguimiento y fueron excluidos. El grupo de
estudio quedó conformado por 11 pacientes. Todos eran hombres, con una edad
promedio de 43.8 años (rango 21-60, desviación estándar [DE] 10.4). Cuatro
fumaban más de 10 cigarrillos diarios, y dos refirieron haber utilizado
suplementos dietarios con creatina para aumentar la masa muscular. En ocho
casos, la lesión se había producido en el lado dominante. El mecanismo de
lesión fue siempre un esfuerzo súbito contra resistencia fuera de lo habitual,
con el codo en supinación y flexión: levantando peso en el gimnasio (6
pacientes), moviendo objetos pesados (3 pacientes) y utilizando herramientas (2
casos). El tiempo promedio desde la lesión hasta la reparación fue de 15 días
(rango 6-55, DE 14.4). El seguimiento promedio fue de 35.5 meses (rango 12-53,
DE 13.4).
El mismo cirujano con un
nivel III de experiencia en la clasificación de Tang (que tiene una experiencia
apreciable en el uso de las técnicas pertinentes y ha ejercido como
especialista más de 5 años),8 realizó todas las cirugías. El tiempo promedio
desde la lesión hasta la cirugía fue de 15 días (rango 6-55).
Se utilizó un abordaje
estándar de Henry para la tuberosidad bicipital del radio proximal. La sección
cutánea se realizó en sentido longitudinal guiada por radioscopia. Se
encontraron tres planos de trabajo:
-
el
subcutáneo, donde están las grandes venas superficiales, el lacertus
fibrosus y el nervio antebraquial cutáneo externo;
-
el muscular,
determinado por el palmar mayor y el supinador largo en la superficie, y el
pronador redondo y el supinador corto en la profundidad. Aquí están la arteria
radial y sus ramas, las venas satélite profundas y las ramas terminales del
nervio radial (rama sensitiva superficial y nervio interóseo posterior); y
-
el óseo, a
nivel de la tuberosidad bicipital.
Inmediatamente debajo de
la dermis, se encuentra el sistema venoso superficial constituido, de medial a
lateral, por la vena basílica, la mediana antebraquial, la cefálica y la
accesoria de la cefálica. La vena mediana antebraquial se bifurca en su rama externa,
la mediana cefálica, y en su rama interna, la mediana basílica, para unirse a
los trayectos de sus venas homónimas en el codo (Figura
2).9
Profundamente
a la vena cefálica, se halla el nervio antebraquial cutáneo externo, rama
terminal del nervio musculocutáneo, alcanzando el canal bicipital externo del
codo desde el espacio entre el bíceps y el braquial anterior. Continúa su
recorrido hacia la cara anterolateral del antebrazo, aportándole la
sensibilidad hasta la muñeca (Figura 3).1 El lacertus fibrosus comienza en la
unión musculotendinosa del bíceps distal, y envuelve
los músculos flexores del antebrazo, fusionándose con su aponeurosis superficial
e insertándose en la cresta dorsal del cúbito. Sirve como estabilizador del
tendón bicipital distal (Figura 3).1
Los planos musculares (Figura 3) se pueden separar, de manera fácil y
segura, con el dedo índice. Aunque la variabilidad arterial no es infrecuente,
en el 47% de los pacientes, la arteria braquial (antes de bifurcarse en la
arteria cubital y la arteria radial) da una rama recurrente radial accesoria
dorsal, posterior al tendón del bíceps (Figura 4).
La arteria radial corre apenas medial al tendón del bíceps y, de ella, nace la
arteria recurrente radial que se dirige por delante del tendón del bíceps
transversalmente al eje del antebrazo, 4 mm hacia proximal del punto más
proximal de la tuberosidad bicipital (Figura 5).
Se anastomosa con la arteria colateral radial anterior (rama de la arteria
humeral profunda) conformando el cinturón de Henry (Figura
4).9 El sistema venoso profundo sigue al arterial en
un plano más anterior, como venas satélite, con múltiples anastomosis,
generando un plexo venoso que se comunica con el sistema venoso superficial a
través de venas perforantes.9 Si la arteria recurrente radial o sus venas
satélite interfieren con la correcta visualización o dificultan la
maniobrabilidad de la tuberosidad bicipital, se pueden ligar.1,2,6,7,9
El nervio radial se
divide en su rama superficial (sensitiva) y su rama motora profunda (nervio
interóseo posterior) a proximal a la arcada del supinador corto (arcada de Fhrose).10 La rama sensitiva superficial avanza por la cara
medial del supinador largo para unirse con la arteria radial y seguir su camino
hacia la muñeca y la mano. La rama profunda motora constituida por el nervio
interóseo posterior continúa discurriendo hacia distal en íntimo contacto con
la cara externa del cuello del radio, lo cual lo hace muy proclive al daño al
usar palancas de Hohmann en el borde lateral del cuello del radio. Se aconsejan
la supinación del antebrazo, llevando al nervio a una posición más posterior y
lateral (la pronación lo posiciona más anterior y medial),10 y una
configuración triangular de los separadores para acceder a la tuberosidad
bicipital, con dos separadores de Farabeuf de rama larga para separar el borde
lateral y un separador de Hohmann medial (Figura 5).11
La separación de las
estructuras anatómicas antedichas permite acceder a la cara anterior de la
tuberosidad bicipital, cuyo cenit, como referencia, apunta en dirección opuesta
a la apófisis estiloides del radio.4 El
tendón distal residual del bíceps se reseca de la tuberosidad con una gubia o
cureta. Con una cureta o raspa, se cruenta el lecho de la tuberosidad en su
superficie posteromedial, que representa la verdadera huella de inserción.
Con el antebrazo en
supinación de 45º, se realizan dos orificios usando una mecha de 2 mm con una
separación aproximada de 1 cm entre sí. La mecha se dirige desde la parte
anterior de la tuberosidad del radio, con 30º de inclinación hacia medial,
hasta la cara dorsocubital del radio (Figura 6A). El uso de un protector de partes
blandas para la mecha facilita el procedimiento. La supinación de 45º y la
dirección hacia cubital de los orificios facilitan la captura de las suturas y
maximizan la distancia entre la mecha y el nervio interóseo posterior.6,7,10
Luego se pasa una sutura
monofilamento fuerte (Prolene, PDS o nailon 0) para
servir de pasahilo a través del radio, de la
siguiente manera: se coloca una pinza doble utilidad estándar en ángulo recto
desde medial en la parte posterior del radio, en línea con uno de los orificios
del radio (Figura 6B). Se coloca una aguja
espinal de 18G a través del orificio del radio de anterior a posterior, hasta
que el cirujano siente que la aguja toca la punta de la pinza. Se abre
ligeramente la pinza, se avanza la aguja unos milímetros y se cierra un poco la
pinza atrapando la aguja. Se retira el estilete y se pasa la sutura de
monofilamento gruesa a través del ojo de la aguja. El asistente progresa la
sutura tanto como sea posible y luego se abre la pinza suavemente y se retira
la aguja unos pocos milímetros manteniendo la sutura inmóvil para que no se
retire al retroceder la aguja. A continuación, se cierra la pinza atrapando la
sutura y se la retira entre el radio y el cúbito. Se repite el proceso en el
segundo orificio y, entonces, en cada orificio, queda una sutura “pasahilo” monofilamento fuerte que entra en la cara
anterior del radio y sale desde la cara posterior
hacia el espacio radiocubital (Figura 6C).
Al tendón del bíceps
distal avulsionado, se lo ubica mediante la separación digital hacia proximal,
con flexión del codo para acercar la incisión hacia el cabo desprendido del
tendón. Habitualmente se encuentra una cara anterior, uniforme, y otra posterior,
donde suelen diferenciarse su haz lateral (porción larga) y su haz medial
(porción corta). Se asegura usando dos puntos de Krackow
de ida y vuelta, en cada borde, superponiendo las suturas, con sutura trenzada
plana multifilamento ultrarresistente N.° 1,5 o 2, de modo que los cuatro
extremos de los hilos salgan hacia posterior a 2-3 mm del extremo distal del
tendón: esto otorga un efecto compresivo de la sutura sobre el tendón hacia el
sitio de su inserción ósea (Figura 7B). Para
una restitución más anatómica se debe tener en cuenta la rotación externa que
realiza el tendón hacia su inserción, donde queda la porción larga del bíceps
insertada en la parte más proximal o superior de la tuberosidad, mientras que
la parte del tendón correspondiente a la porción corta del bíceps se inserta en
la parte más distal o inferior. Debido a esta disposición del tendón del bíceps
distal, conviene pasar la sutura de Krackow del
extremo medial por el orificio inferior (o distal), y la sutura más lateral por
el orificio superior (o proximal), de modo que el tendón quede orientado en su
normal rotación externa.3,4 Las suturas intermedias pasan una por cada
orificio.
Para pasar las suturas
ultrarresistentes del tendón a través de los orificios del radio, se ata un
extremo de cada sutura ultrarresistente al extremo que sale hacia posteromedial
de la sutura monofilamento que ya se había pasado por el orificio en el radio (Figura 6D). Entonces, se tracciona de la sutura
monofilamento desde el extremo que sale por el orificio anterior del radio, y
las suturas ultrarresistentes quedan pasadas desde posteromedial hacia
anterior. Este proceso se repite para el segundo orificio. Con el antebrazo en
supinación completa y flexión aproximada de 70º, un asistente tracciona de un
par de suturas, reduciendo el tendón del bíceps hacia el borde posterocubital de la tuberosidad radial (Figura 7A). Esta sutura de reducción se mantiene
tensa mientras el cirujano anuda la otra sutura ultrarresistente sobre el
puente cortical anterior entre los orificios. Luego, se anuda la otra sutura
también sobre el puente óseo completando la reparación. Después del lavado y la
hemostasia prolija de la incisión, se cierra solo la piel.
La duración promedio del
procedimiento desde la incisión cutánea hasta la colocación del cabestrillo fue
de
105.5 min (rango 75-175,
DE 32.12).
Se coloca un cabestrillo
con una inmovilización enyesada braquipalmar con el
codo a 90º de flexión y pronosupinación neutra por 10 días, para reducir el
dolor y el edema. Luego se inicia el rango de movilidad pasiva, según la
tolerancia, con un tope de extensión del codo de 30º y pronosupinación de 30º,
utilizando el cabestrillo las 24 h (solo se lo retira para hacer los
ejercicios) hasta cumplir cuatro semanas. Después de este período, el paciente
lo usa solo para salir a la calle y para dormir, durante 2 semanas más. A las 6
semanas, se retira el cabestrillo y se libera el rango de movilidad activa,
pero sin esfuerzos. Se permite un fortalecimiento gradual y progresivo a las 12
semanas, y el libre uso del brazo, según la tolerancia, luego de los 6 meses.12
Se revisaron las
historias clínicas de los pacientes con, al menos, 12 meses de seguimiento. Los
pacientes fueron evaluados con el cuestionario QuickDASH,13 la
escala analógica visual para dolor,14 y se les preguntó si habían retornado a sus
actividades normales previas a la lesión. El lado ileso sirvió como control en
cada paciente para evaluar el rango de movilidad y la debilidad subjetiva.
También se les preguntó si decidían la cirugía por motivos funcionales o
estéticos.
En la evaluación, se
incluyó a 11 pacientes, que tenían un seguimiento posoperatorio >12 meses.
Ocho refirieron que decidieron operarse por motivos funcionales y estéticos, y
tres, solo por motivos funcionales. Ocho de las reparaciones se realizaron en
el lado dominante. El período de seguimiento promedio fue de 35.5 meses (rango
12-53).
No hubo diferencias en
los arcos de pronación-supinación o flexión-extensión con respecto al lado
sano, con un promedio de flexión de 138º, extensión de 3º, pronación de 76º y
supinación de 75º.
El puntaje funcional QuickDASH promedio fue de 6,38 (rango 2,7-13,6). El puntaje
promedio en la escala analógica visual al utilizar el brazo para realizar
esfuerzos fue de 0,22/10 (rango 0-2). Ocho pacientes informaron que no tuvieron
síntomas posoperatorios. Todos reanudaron sus actividades laborales y
deportivas habituales, y se les permitió realizar esfuerzos luego de los 6
meses de la operación.
Las complicaciones
detectadas fueron: neuropraxia del nervio cutáneo
antebraquial lateral con síntomas transitorios que se curó luego de los 4 meses
(2 pacientes) y una infección de la herida que requirió lavado quirúrgico y
tratamiento antibiótico. Este paciente que, además, estaba en conflicto laboral,
obtuvo los peores resultados en el cuestionario QuickDASH
(13,6) y la escala analógica visual (2/10 en esfuerzos), y refirió debilidad
residual subjetiva.
A un paciente con
síntomas no asociados con el tendón del bíceps se le realizó una resonancia
magnética del codo después de la reparación. Las imágenes mostraron la
reinserción del tendón a la cara anatómica posterior y cubital de la
tuberosidad radial (Figura 8).
La clave del éxito en la
reparación del tendón del bíceps distal es el conocimiento y el respeto de la
anatomía regional. Por un lado, la exposición quirúrgica en la parte profunda
del codo requiere una previsión detallada de las estructuras vasculonerviosas
que se van a encontrar, lo cual le permitirá al cirujano ejecutar una
reparación segura y eficaz del tendón distal del bíceps. Por otro lado, la
reproducción más fidedigna de la huella de inserción normal del tendón del
bíceps distal permitirá al paciente obtener los resultados funcionales más
parecidos a lo normal posible.
Un concepto crucial para
entender la función de supinación del bíceps es la comprensión del torque de
supinación según su ubicación mientras el antebrazo gira. La inserción normal
del bíceps distal envuelve el ápex de la tuberosidad bicipital, que cumple un
rol biomecánico al actuar como una leva, alejando el punto de tracción del
centro de rotación del radio, potenciando la fuerza supinatoria.3,7 La
reinserción del tendón distal del bíceps se realiza clásicamente mediante un
abordaje anterior, o dos abordajes.5 Las reparaciones anteriores tradicionales (con
arpones, tornillos interferenciales o botones), que fijan el tendón a la cara
anterior de la tuberosidad, cubren menos del 10% de la huella original del
tendón del bíceps.4 Schmidt y cols.
demostraron que, en algunos casos, los tendones reparados en la superficie
anterior del radio se convierten en pronadores hacia el punto final de la
supinación.3 Las reparaciones posteriores mediante el doble
abordaje de Boyd y Anderson pueden limitar la pronación y no producen el efecto
de fuerza adicional por leva de la tuberosidad bicipital, ya que, durante la
contracción efectiva, el tendón se desliza hacia proximal y tracciona por
encima de la tuberosidad.4
Las fuerzas de supinación
máxima tanto en las reparaciones con una sola incisión anterior como en las de
dos incisiones pueden alcanzar más del 90% en comparación con el lado ileso
evaluadas en pronación intermedia; sin embargo, no se describe comúnmente una
evaluación de la fuerza de supinación a lo largo de todo el arco de rotación
del antebrazo. En un estudio de reparaciones del bíceps distal por vía
anterior, se halló un déficit del 33% en la fuerza de supinación en comparación
con el lado ileso cuando la fuerza de supinación se midió a 60º de supinación.3,6,7 En
la técnica utilizada en nuestro estudio, el tendón del bíceps se vuelve a unir
a la superficie posterocubital de la tuberosidad
radial (Figura 6), maximizando la fuerza de
supinación en todas las posiciones de rotación del antebrazo.
Desde el punto de vista
clínico, tanto en el seguimiento a corto como a largo plazo, no hubo
diferencias en los puntajes medios de los resultados entre el abordaje anterior
y el doble abordaje. Sin embargo, se produjeron significativamente más
complicaciones (menores) en el grupo de incisión única, sobre todo, debido a neuropraxias transitorias del nervio cutáneo antebraquial
lateral. Así mismo, se observaron más casos de pérdida significativa de la
rotación del antebrazo debido a la osificación heterotópica con el abordaje de
dos incisiones.5
La estética puede
desempeñar un rol importante, ya que muchos de nuestros pacientes (8 de 11)
admitieron que la estética influyó en su decisión de operarse. Sin embargo, la
apariencia estética notablemente no está incluida en los instrumentos de uso
común que se emplean para evaluar los resultados en el codo.
Se han llevado a cabo
estudios biomecánicos sobre una variedad de técnicas de reparación que
demuestran la capacidad para soportar 200-400 N, incluidas aquellas realizadas
a través de orificios transóseos similares a los que
se utilizan en nuestra técnica.3,6,7 Esto nos ha alentado a iniciar un movimiento
activo temprano.
Un simple análisis de
costos que compara dos suturas con los productos utilizados para la reinserción
del bíceps distal revela un ahorro notorio con esta técnica. Además, los
diferentes implantes utilizados para reparar el bíceps distal no están exentos de
provocar complicaciones, como osteólisis, migración o desprendimiento de los
sistemas de fijación (Figura 9).
Se han informado
complicaciones con todas las reparaciones, las más comunes son las alteraciones
de los nervios sensoriales. En nuestra casuística de 11 pacientes, se
produjeron dos casos de neuropraxias transitorias del
antebraquial cutáneo externo. Aunque la tasa de segundas roturas es menos
clara, también se han reportado, pero no hemos tenido casos hasta el cierre del
estudio.
Este estudio tiene un
valor limitado por el pequeño número de pacientes, evaluados de manera
retrospectiva, sin un grupo comparativo de control, y mediante puntajes
subjetivos. Otra limitación es la falta de medición objetiva de la fuerza de
supinación. Al respecto, actualmente, no hay consenso por parte de los
investigadores sobre el método utilizado para evaluar la fuerza de supinación
del antebrazo después de la reparación del tendón distal del bíceps. Se han
informado métodos isotónicos, isométricos e isocinéticos e, incluso dentro de
esas categorías, se han utilizado diferentes parámetros de prueba.3 Los
sistemas actuales de puntajes de resultados también parecen tener limitaciones
y no han proporcionado datos que discriminen entre técnicas de reparación.
Se presentó una técnica
de reparación del bíceps distal que restaura la inserción normal por un
abordaje anterior. Al hacerlo en su situación anatómica, creemos que esta
técnica maximizaría la capacidad de supinación, sin alterar el rango de
movilidad. Además, al eliminar la necesidad de anclajes o implantes
especializados, la reparación es costo-efectiva y minimizaría la pérdida de
integridad estructural del radio. Sin embargo, se necesitan estudios
adicionales para evaluar a largo plazo los resultados de esta técnica y
compararla con otros procedimientos quirúrgicos existentes.
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de M. Deimundo: https://orcid.org/0000-0002-2822-4394
ORCID de E. Gobbi: https://orcid.org/0000-0001-7310-6170
Recibido el 12-12-2025. Aceptado luego de la
evaluación el 13-2-2026 • Dr. IGNACIO SERÉ • ignaciosere@gmail.com • https://orcid.org/0000-0002-3267-8073
Cómo citar este artículo: Seré I, Llumipanta S, Carrizo J, Villa N, Deimundo
M, Gobbi E. Reparación anatómica del bíceps distal por un abordaje anterior sin
el uso de implantes: resultados clínicos y funcionales. Rev Asoc Argent Ortop
Traumatol 2026;91(2):126-137. https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.2.2270
Información del artículo
Identificación: https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.2.2270
Fecha
de publicación: Abril, 2026
Conflicto
de intereses: Los autores no declaran
conflictos de intereses.
Copyright: © 2026, Revista de la Asociación Argentina de Ortopedia y
Traumatología.
Licencia: Este artículo está bajo una Licencia Creative Commons
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